Las imposiciones de la democracia

Rodrigo Quesada.- Parecerá surrealista que leyendo el titular, uno pueda pensar que en una democracia existan imposiciones. Son términos totalmente opuestos, pero que, ya bien sea por carencias del sistema o por ser algo que llevemos en nuestro ADN, las imposiciones llegan más tarde o temprano. Casos en la historia hay cientos, por ejemplo, de dictadores, y este país conoce muy bien el asunto.

Pero sin desviarnos de la cuestión principal. Nuevamente, en pleno siglo veintiuno y viviendo en plena democracia, el equipo de gobierno del Partido Popular ha logrado imponer el regreso del mercadillo a Mercasa, gracias a la pinza plenaria de los tres concejales de C´s y los dos concejales de CBM -cosa que su presidente y actual concejal no adscrito, Leopoldo Bernabeu, votara a favor de la propuesta del referéndum-. Era algo evidente, y que, a pesar de multitud de esfuerzos tanto desde el nivel asociativo como desde el político, no se ha logrado que los ciudadanos sean los responsables de decididir sobre la ubicación del mercadillo municipal. Recuerden que Els Tollers recogieron más de mil firmas y Compromís-Els Verds llevaron a pleno un referéndum sobre el mercadillo.

Finalmente, el barrio de Mercasa se quedará con el mercadillo municipal, como según indican fuentes del PP, para contentar a los comerciantes, que además han destacado el nuevo atractivo de la zona.

No seré yo quien juzgue a los políticos, siempre he creído que son personas humanas -aunque a veces no lo parezcan- y tienen errores, y lo que sí creo más que evidente, es que una imposición siempre conlleva consecuencias negativas. En esta ocasión no se ha contado con el consenso de nadie, ni con la de los vecinos de Els Tolls que pretendían que el mercadillo conviviera en ambos barrrios, y una vez más, ni con la parte política de nuestra ciudad.