Navidad en la cena de los idiotas

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Saz Planelles.- Ya estamos en diciembre. Ya es Navidad en El Corte Inglés. Entonces, ya es Navidad en España. Entramos en el mes del amor fraternal. En el mes del “love total”. Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Y a las mujeres, claro. No se me encabriten las feministas ni los tontainas del lenguaje no sexista. Paz a todos y a todas. Ciudadanos y ciudadanas. Compañeros y compañeras. Paz y tregua. Paz y amor. Lo exige el anual guión. Tregua hasta en las guerras que nos importan un “güevo” durante el año pero que atraen nuestra atención en Navidad. Que callen los bombardeos. Que dejen de morir niños en Alepo porque estamos en Navidad, con la tregua de Navidad. Todos los fusiles callados por Navidad.

Tocan ya las comidas de empresa. Llega tener que reír las gracias al jefe cabrón, que nos ha estado fastidiando durante todo un año, mientras atacamos al chuletón. Pero es tiempo de Navidad. Y de tirar los tejos a Juana tras el café, copa y puro y bajo los efluvios del champán, a esa Juana de pechos turgentes y emergentes que hace cuatro meses que se ha separado. No sea que ya esté madura y en el mercado.

Pero mira como beben los peces en el río, aunque yo nunca he visto beber a los peces, pero beben por ver a Dios nacido. Es Navidad y hay que estar contento y feliz porque lo exige el guión. Además, cobramos la extra. Dentro de pocos días, El Corte Inglés, Mercadona y Carrefour nos machacarán con Blanca Navidad. El espíritu de la Navidad nos entrará con machacona insistencia por todos nuestros orificios susceptibles de percibir y sentir hasta conseguir ponernos en trance. Ande, ande, ande, la Marimorena, a la que yo nunca he visto andar pero que todos los años igual ha conseguido que Forest…, Forest Gamp, a su lado, sea un “boyescao con bollycao”. Ande, ande, ande, que es la Nochebuena.

Y tras meternos entre pecho y espalda la ración correspondiente de Carolina Herrera y Loewe gracias a la televisión, llega la cena más esperada. En casa de la suegra o tu madre y con los cuñados y hermanos a los que no hemos visto ni atendido durante el año. La cuñada eternamente enfadada. El hermano patoso con los chistes pestosos. La hermana cabreada que todos los años la lía. Pero es Navidad y la abuela se esfuerza por mantener a todos contentos en un ambiente que se torna espeso y tenso. Sólo roto por el sobrino gordinflón, glotón y disfrutón que te gana 3-1 en cada envite al echar mano al langostino. Pero es Navidad y la Virgen se está peinando entre cortina y cortina, que nunca he sabido porqué se esconde entre cortinas cuando los cabellos son de oro y el peine de plata fina. Con esos ingredientes, un “selfi” bien colocado haría viral a la Virgen en Facebuc y tenditropi en Tuister.

Pero es Navidad, la cena de Navidad. Y la abuela, empeñada en que todos estén contentos, a pesar de que la hija que todos los años la lía esté a punto de reventar. Y tras los minutos de recuerdo a los que ya no están, el muerto al hoyo y el vivo al pollo. O al cordero, traído por la matriarca con la ayuda de la meritoria neonuera colombiana veinte años más joven que el hijo recién divorciado, colombiana cuyo trasero atrae a hurtadillas las miradas masculinas con la vigilancia de las contrarias contrariadas. Pero Lucinda, con sus retoños en Barranquilla, disfruta como una chiquilla.

Y Petra, la hermana díscola esposa del cuñado patoso, ya no puede más. Llega el momento del lío anual. Llega el momento de erigirse en protagonista porque se cree la más lista. Este año toca la herencia mal repartida del fallecido patriarca. Afloran las envidias y cabreos acumulados. Aparecen los primeros gritos y lágrimas recurrentes. Momento que aprovecha la bulímica y anoréxica ausente adolescente del móvil para ir al baño a vomitar.

Y tras la tempestad viene la calma. Como todos los años. Con las lágrimas enjugadas y los gritos ahogados, llegan los besos y abrazos porque estamos en Navidad. Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, saca la bota, María, que me voy a emborrachar. Y María, que no falla ningún año, no trae la bota, pero sí los güisquis y gin tonic, porque estamos en Navidad. Paz a los hombres (y mujeres) de buena voluntad. Hasta el año que viene. ¡Qué bonita es la Navidad!

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