Fernando Saldaña.- Desde su agujero de poder, la cucaracha madre gritaba que lo estaban haciendo muy bien, que la prosperidad crecía, que a los insectos les iba mejor.

Desde la realidad de su miseria, la inmensa mayoría de seres sentía hambre. Sólo algunos prosperaban, los intocables, los elegidos. Lloraba: a ellos nunca les dejarían jugar en esa selección.