El lado oscuro de los orfanatos del franquismo
Els internats de la por es un libro desgarrador y emocionante escrito por los documentalistas Montse Armengou y Ricard Belis. El libro, que tendrá su versión en castellano en mayo, es un recorrido histórico por el lado oscuro de los orfanatos del franquismo
Javier Coria.- Hasta bien entrada la democracia, miles de niños y niñascontinuaban encerrados en internados. Colegios religiosos,orfanatos, reformatorios, preventorios antituberculosos ocentros de Auxilio Social se convirtieron en una especie deprisión para estos niños. Allí sufrieron abusos físicos,psíquicos, sexuales, explotación laboral o prácticasmédicas dudosas. Hoy se destapa este pasado oculto ysilenciado. Els internats de la por (Los internados delmiedo) es un libro editado por Ara Llibres, y que tiene suorigen en un documental homónimo dirigido por MontseArmengou y Ricard Belis, para el programa Sense Ficció de la televisión autonómica catalana TV3. La piezacierra la trilogía sobre la infancia como víctima delfranquismo iniciada con «Los niños perdidos delfranquismo« (2002) y «¡Devuélveme el hijo!” (2012). Amodo de entrevista recogemos las palabras de MontseArmengou sobre su trabajo.

El testimonio de Júlia Ferrer
Júlia Ferrer camina con dificultad, pero ello no fue impedimento para que asistiera, acompañada por su hija y nieto, a la charla que sobre el libro que se realizó en la librería Alibri de la calle Balmes de Barcelona. Ella estuvo internada desde los 2 años hasta los 24; primero en la Casa de la Caridad de Barcelona, y luego en el Manicomio de Sant Boi. Porque sí, aquellos que se fugaban o se distinguían por su rebeldía eran internados en psiquiátricos. Júlia se opuso a recibir más castigos: “Yo me preguntaba: ¿Por qué me llevan a Sant Boi, si yo no estoy loca? Y me decían que cuando pudieran me sacarían, cuando hubiera una plaza vacante en el Buen Pastor. Nueve añosque me tiré allí… ¡Nueve años! Me pusieron muchas corrientes, electrochoques, sólo como castigo. Porque a veces contestaba a las monjas, y… “Mañana, ¡ a las corrientes !”. Me dejaban las sienes quemadas poresas cosas redondas –los electrodos- del electrochoque”
Los malos tratos no eran, por suerte, una práctica generalizada, aunque sí demasiado frecuentes. Tampoco tenían lugar exclusivamente en centros religiosos, ya que muchas víctimas sufrieron los abusos en centros dependientes del Estado. A las tensiones morales y la hipocresía de la época, se añadía la impunidad de abusar de unas criaturas que difícilmente podían denunciar nada. En el libro y documental también se recogen testimonios de niños que encontraron un hogar y pudieron estudiar en estos centros sin sufrir mal trato. El trabajo esclavo y la explotación laboral infantil era más habitual, sobre todo en las niñas que realizaban labores de costura, por las que nunca recibieron un céntimo y se presume que iban a parar a fábricas y grandes almacenes. El sadismo se hacía patente en las particulares técnicas de educación. Podemos leer como niños eran obligados a comerse la comida que habían vomitado. A los que se orinaban en la cama, se les quemaba el culo con la llama de una vela; sobre esto el relato más impactante es el de Mikae Ortiz, que cuando se hacía pis en la cama: “las señoritas me frotaban con ortigas en mis partes íntimas”.
La historia clínica de Júlia era propia de una pequeña que se pasó media vida en las instituciones de beneficencia. En el documento médico se dice que lloraba a menudo y que tenía cambios de humor, y que se mostraba rebelde coincidiendo con los días de su menstruación. Tampoco quería trabajar. Los médicos certificaron que no tenía ningún problema psíquico, pese a ello se le ingresó en un hospital mental. Hasta que…: “Un día intenté escaparme, aunque me cogieron. Me llevaron a un cuarto que se llamaba San Rafael, que era de castigo. Quince días sin poder moverme, sin lavarme ni nada, con una camisa de fuerza”. La amistad con otras niñas internadas fue la tabla de salvación para Júlia. Esta mujer fuerte y rebelde, según confiesa: “Lloré mucho allí, mucho…, ya no me quedan lágrimas”.
El régimen franquista invirtió pocos recursos en asistencia, pero explotó la beneficencia con finalidad propagandística dando la imagen de una atención exquisita a estos niños. La realidad era bien distinta. Las criaturas recibían caridad a cambio de adoctrinamiento y a menudo sufrieron unos malos tratos que excedían lo que se pudiera considerar normal para los castigos de la época. A algunas víctimas les acompañó un sentido de culpabilidad durante mucho tiempo, sobre todo a las que sufrieron abusos sexuales. La tríada clásica que nos cuentan los psicólogos, a saber: miedo, vergüenza y culpabilidad. Por ejemplo, en Dolores Zamorano, que fue abusada sexualmente por un cura.
Las secuelas de los abusos han perseguido toda la vida aquellos niños. Ahora, ya adultos, han decidido abrir el cuarto oscuro de la memoria y denunciar unos hechos que en otros países, como la ultracatólica Irlanda, han merecido la condena del Estado y de la Iglesia.
“Spotlight” ganadora del Oscar 2016 a la mejor película, está dirigida por Thomas McCarthy y escrita por McCarthy y Josh Singer. En ella se cuenta la investigación de los periodistas del Boston Globe que destaparon los casos de pederastia que la Iglesia Católica de Massachusetts había ocultado.
En el libro se tratan casos ocurridos en Centros de Beneficencia, Auxilio Social, Maternidad, Hogares Mundet, Casa de la Caridad, San Fernando y Preventorio de Guadarrama, entre otros.


























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