NO PASARÁN: Defender la democracia es defender nuestra libertad

REYES CABALLERO.- «Defender pacíficamente los derechos, las instituciones democráticas y las libertades no es un acto de confrontación; es un compromiso con el futuro de una sociedad libre.»

Hubo un tiempo en el que una frase recorrió las calles de España con la fuerza de quienes sabían que estaban defendiendo mucho más que una ciudad. «¡No pasarán!» nació como un grito de resistencia durante la Guerra Civil Española. Era la determinación de un pueblo que se negaba a rendirse frente al avance del fascismo.

Noventa años después, España ya no vive una guerra. Vivimos en democracia. Pero la democracia nunca puede darse por garantizada. No es una conquista definitiva; es una construcción colectiva que exige ser protegida cada día.

Nuestra convivencia se sustenta en la Constitución de 1978, en el sufragio universal, en la separación de poderes y en un Estado de derecho que reconoce derechos y libertades fundamentales. Sin embargo, la historia demuestra que las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Se deterioran lentamente cuando la desinformación sustituye al pensamiento crítico, cuando la polarización desplaza al diálogo y cuando las instituciones dejan de ser percibidas como un patrimonio común para convertirse en instrumentos de confrontación política.

Por eso, «No pasarán» puede entenderse hoy como una afirmación cívica. Significa que no deben abrirse paso la intolerancia, el odio, la corrupción ni cualquier intento de debilitar el Estado de derecho. Significa defender una democracia donde nadie pueda utilizar las instituciones para recortar derechos, limitar libertades o enfrentar deliberadamente a la ciudadanía.

Desde mi perspectiva, muchas de las políticas impulsadas en distintas comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular, con el apoyo o la influencia de Vox, están contribuyendo a un deterioro progresivo de servicios públicos esenciales. Considero que el debilitamiento de la sanidad y la educación públicas, la confrontación permanente como herramienta política y la escasa prioridad otorgada a las políticas de adaptación y prevención frente al cambio climático representan un retroceso respecto al modelo social construido durante décadas. “Es una convicción que asumo como autora de este artículo. Cada lector podrá compartirla o discrepar de ella, porque precisamente esa es la esencia de una democracia: debatir libremente las ideas.”

No se trata únicamente de una diferencia ideológica. Cuando la sanidad pública pierde recursos y aumentan las listas de espera; cuando la educación deja de ser una prioridad compartida; cuando la ciencia es cuestionada por intereses partidistas; cuando se minimiza la gravedad del cambio climático mientras los incendios forestales, las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos se intensifican año tras año; cuando la prevención deja de ser una inversión para convertirse en un gasto prescindible, no solo se deterioran los servicios públicos:  también se debilita la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos.

La democracia no consiste únicamente en depositar un voto cada cuatro años. La democracia exige vigilancia permanente. Exige ciudadanos informados, críticos y comprometidos. Exige transparencia frente a la corrupción, responsabilidad en la gestión pública y gobiernos que entiendan que la sanidad, la educación, la investigación científica, la cultura y la protección del medio ambiente no son privilegios, sino pilares fundamentales de una sociedad libre e igualitaria.

Por eso hoy vuelvo a decir «¡No pasarán!».

No pasarán quienes pretendan normalizar el odio como herramienta política.

No pasarán quienes utilicen la mentira para sustituir a la verdad.

No pasarán quienes conviertan la confrontación en una forma de gobierno.

No pasarán quienes pretendan debilitar los derechos conquistados durante décadas de esfuerzo colectivo.

No pasarán quienes consideren que la sanidad pública, la educación pública o la protección del medio ambiente son simples partidas presupuestarias sobre las que recortar.

Porque la democracia no muere de repente. Se desgasta lentamente. Se erosiona cuando dejamos de defender aquello que pertenece a todos. Cuando aceptamos como inevitable el deterioro de los servicios públicos. Cuando la resignación sustituye al compromiso ciudadano.

Cada generación tiene su propia responsabilidad. La de nuestros abuelos fue resistir una guerra y reconstruir un país devastado. La nuestra consiste en proteger la democracia que heredamos, fortalecer las instituciones que garantizan nuestras libertades y dejar a quienes vengan después una España más justa, más igualitaria y más solidaria que la que recibimos.

Hoy, «No pasarán» ya no significa levantar barricadas. Significa levantar la voz desde la palabra, desde la cultura, desde el periodismo, desde la participación ciudadana y desde el compromiso democrático.

Porque la libertad no se hereda para siempre.

La democracia tampoco. Y ambas solo sobreviven mientras exista una ciudadanía dispuesta a defenderlas.

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