Antonio Oliver: «Los viajes, si uno va dispuesto, son una forma de convertir los espacios personales en lugares donde se cambian cosas porque hay voluntad y deseo de cambiarlas»

Echas a andar con tu forma de mirar el mundo, con tus certezas y tus dudas y, si no abres la puerta para salir y dejar entrar, puedes terminar el viaje como lo empezaste. Es una forma de invertir tiempo y perderlo o no rentabilizarlo del todo.

Aunque cada uno tiene su forma de entender lo que es perder o ganar viajar, para mí, es ir dispuesto a la mudanza, a mirar y, sobretodo, a ver. Cada persona es un viajero diferente. La forma de viajar no es una decisión personal que se toma en el momento, es una forma de ser y de ver el mundo.

Me fascina el viaje en solitario. Ir, sin saber exactamente dónde puedes terminar y hacerlo en un diálogo permamente, con una especie de alter ego a veces y, a veces, con un bandarra permisivo que derrapa y se equivoca más que acierta.

Me gusta viajar solo pero, me gusta también que me esperen y encontrarme con personas que forman parte de mi mundo, de uno de mis mundos. Hacer un viaje largo me llena de optimismo, me recarga el ánimo y llegar me llena de paz.

A Veiga es un hotel en Samos, un restaurante y, para mí, un lugar que desde que llegué la primera vez, difuminó las lineas que separan al cliente y al amigo. Antonio, Manolo, Eva, Gela, Moises, Manolo, Noemi, Isabel…uno acaba identificando el cariño cuando es sincero.

Han pasado más de 30 años. Cuando estoy, hago la vida en Samos, pertenezco a San Mamede do Couto pero vivo en A Veiga, vivir de tener casa, y con lagunas de tiempo, repito y me sorprendo de cómo abrí mis espacios personales y en A Veiga me abrieron los suyos. Este viaje roza la perfección porque entré sin prevenciones y me recibieron de la misma manera. Me mezclé y de esa mezcla nacen la tranquilidad y la alegría con la que llego cada vez.

Samos es un lugar al que cada día pertenezco un poco más y eso no tiene que ver con el convento o con el rio, no tiene que ver con el ciprés ni con el molino; no es la feira ni el pulpo. Soy un poco más de aquí por la gente, por el saludo y el afecto, por el corazón. Viaje pleno.

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