El día que renuncié a la multinacional

El día que renuncié a la multinacional…

no me faltaban resultados.
Me faltaba verdad.

Desde afuera, todo cerraba.
Desde adentro, no.

Y durante meses hice lo que hace la mayoría:

Intenté ajustar el entorno para no tocarme a mí.

Que el equipo.
Que la presión.
Que el momento.

Hasta que entendí algo que me incomodó de verdad:

No estaba atrapado en un trabajo.
Estaba atrapado en la versión de mí que lo sostenía.

Y eso cambia todo.

Porque cuando lo ves… ya no podés mirar para otro lado.

Ahí entendés por qué es tan fácil intentar cambiar a otros:

Porque cambiarte a vos implica perder algo.

Seguridad.
Reconocimiento.
La identidad que te trajo hasta acá.

Y sin darte cuenta… empezás a negociar con tu propia incomodidad.

Te decís que después.
Que no es el momento.
Que ya hiciste mucho.

Pero la verdad es más simple… y más incómoda:

Estás sosteniendo una vida que ya no te representa.

Y mientras tanto…

seguís empujando al mundo para que encaje en una versión tuya que ya quedó chica.

Eso no es liderazgo.

Es resistencia.

Ahora, si realmente querés salir de ahí, no empieces por motivarte.

Empezá por esto:

Decí la verdad que venís evitando.
Tomá la decisión que ya sabés.
Soltá lo que ya no sos.

No es más complejo.

Es más incómodo.

Si esto te hace ruido… no lo ignores.

Ahí es.

Frase recursiva:

No estás estancado. Estás siendo leal a una versión tuya que ya no existe.

Jorge Inda

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