Antonio Oliver: «Me dicen los amgos que me parezco a mi padre»

Me dicen los amigos que me parezco a mí padre. Me miro por las mañanas y me asombro, es cierto. Le doy un aire. Mi padre era un personaje, en el mejor sentido. Era de los secarrales de Almería pero se crió en los estrictos verdes del Marchal, donde las cabras de mi abuelo Dionisio, inventaban hierbas que les servian para cumplir con su oficio

Mi padre fue un niño que vendía leche, acarreando artefactos de metal entre Viator y Almería. Un niño feliz porque la felicidad era eso pero, muy desesperado, un chiquillo que sólo tuvo una alternativa, irse o irse.

Sin embargo volvió siempre y me llevó a mamar de la teta de Viator y por eso tengo, por su insistencia, el olor de la leche de cabra en la memoria. Olor a tierra, a abuelos y a vida en el terrao. Sol y cielo.

Cuando paso por ahí rompo a llorar, felizmente, sin orden previa y me conmuevo y me alegro y noto que mi padre anda por ahí, describiendo como siempre sus lugares, sus pesares…y aquella novia de Pechina con la que yo, jugando, atormentaba a mí madre.

Nuestra vida, al cabo, era un juego, en mitad de los estrictos recortes del sueldo de un maestro.Mis padres nos evitaron las penurias. Nos hicieron ver, retorciéndose, «Que la Vida es Bella» y lo consiguieron. Por eso, ahora, cada vez que los recuerdo escribo. Es una forma de agradecer.

No es una exposición gratuita, es una manera de compartir cosas que son mías y que a mí madre, sobre todo a ella, que era artista como mi abuelo Eduardo, le gustaría que contara.

Mi padre era más metio «pa dentro» pero, a fuerza de vivir con los personajes que vivía, acabó entendiéndolo to.

Por eso lo admiro más. Un maestro de escuela, católico y muy de izquierdas, lógicamente. Gracias por el ejemplo, Donato. Ahí voy…nada que tú no sepas