
El pasado viernes tuvo lugar en la Sala Polivalente de la Biblioteca de Benidorm el taller de lectura titulado: Gabriel García Márquez y su cuento «María dos Prazeres» entresacado de «Doce cuentos peregrinos» del año 1992. Estuvo coordinado por la profesora Esperanza Rodriguez que lo leyó completo antes de comentarlo con los asistentes. Sin duda que el cuento destaca por la fluidez de su escritura que te lleva en volandas de una frase a otra y así hasta su final
Contra la opinión general me parece que se trata de un coche fúnebre el del último acto, no de una ambulancia, que poco importa, que a veces no es negro sino de color acero crepuscular. Todo el conjunto de los «Relatos Peregrinos» los escribió Gabo durante sus ocho años de residencia en Barcelona.
Por otra parte me ha llamado la atención indagar cual es el posible germen del relato. Sin duda las tres tumbas sin nombres que el escritor conoció en el cementerio de San Gervasio, hoy Sant Gervasi, y a partir de ahí traza toda una trama donde aparece la tal Maria como actor principal que conduce con su devenir vital el cuento hasta su final esperado.
Claro que me ha dejado intrigado la vigilancia sostenida para que nadie escriba los nombres de los ocupantes de esas lápidas impolutas: Buenaventura Durruti y de Francisco Ascano, ambos anarco-sindicalistas destacados fallecidos en 1936, y de Francisco Ferrer i Guardia, fundador de la Escuela Moderna, fallecido en 1909. A partir de este dato central, García Márquez va elaborado su texto y en el entremezcla vivencias actuales con otras imaginadas o soñadas. El Barrio de Gracia que aparece en tantos relatos novelescos, la premonición de una muerte anunciada, el perrito «Noi» que me recuerda al de la caratula de los discos de vinilo «La voz de su amo» que escucha atentamente las palabras de su dueño fallecido desde un gramófono de bocina. Pero tras leerlo varias veces, como suele ocurrir, la magia inicial va dejando paso a una lectura crítica más atenta, ya que hemos perdido esa hipnosis en la que nos ha inducido esta literatura universal.
Cuando se habla del testamente uno tiene la sensación de que el autor del cuento no ha tenido ninguna herencia en España. El notario de un testamentaría o notaría cita a los herederos conocidos y les entrega los documentos pertinentes. Pero para partir una herencia como la que describe de una señora en completa soledad haría falta una persona delegada que se encargarse de llevarla a cabo, bajo ningún concepto es cuestión de un notario. En el cuento debería recaer en el conde de Cardona, al que ha hecho representante encubierto del tardo franquismo y ha desaparecido de escena. Nadie se ocupa de esta cuestión baladí. Esta posible incoherencia me molesta, ya que en Barcelona el realismo mágico no me acaba de convencer. No cabe en una notaria y pese al embrujo del relato lo encuentro cojo, de la misma manera que pretender enseñar a un perrito faldero el camino a una tumba lejana para que vaya los domingos a ladrar quedamente a su ama me parece que carece de sentido común. Con el farragoso trafico barcelonés el animalito no pasaba del primer cruce.
En fin, dejo seguidamente el excelente relato en la voz cálida de la profesora Esperanza Rodriguez. Gracias, Esperanza, por tu taller.
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