De las cargas económicas que nos atan

Las personas, en general, sentimos una tremenda aversión al riesgo, por eso, entre un dolor recurrente que podemos, más o menos, soportar, y el riesgo de quedarnos en la calle y perderlo todo, solemos elegir la primera opción

Jordi Alemany.- Este dilema se agrava en un sistema socioeconómico donde las cargas económicas y familiares son una realidad ineludible para la mayoría.

La realidad económica y social en la que vivimos hace que muchas personas se encuentren atrapadas en trabajos que deterioran su salud y bienestar cada día debido a las “cadenas invisibles” de la necesidad.

La situación se torna aún más crítica para aquellos que conforman la masa laboral menos cualificada, que no ha desarrollado su inteligencia financiera.

Es decir, la mayoría.

Son millones los que, a menudo, se encuentran en una encrucijada entre permanecer esclavos de sus deudas o enfrentar la exclusión social.

Las opciones parecen limitadas, y el temor a perder lo poco que se tiene es un obstáculo considerable para buscar un cambio.

Por eso, a veces, sorprende la facilidad con la que algunos emiten juicios y ofrecen consejos desde su posición de estabilidad y privilegio.

En la mayoría de casos, los que ofrecen esos consejos están completamente desconectados de la realidad compleja a la que se enfrentan millones de personas cada día.

Claro que si un trabajo te hace daño debes pensar en dejarlo.

Igual que si tu pareja te maltrata, debes pensar en terminar con esa relación.

Debes tratar de diseñar un plan, y tomar las acciones que estén en tu mano, para salir de ahí e intentar mejorar, pero también, los que no estamos pasando por esa situación debemos ser un poco más empáticos, y conscientes, de que las circunstancias, a veces, son extremadamente complejas.

Es importante que, más allá de dar consejos o juzgar, mejoremos nuestra empatía y empujemos, entre todos, para que cada vez más personas sepan, y puedan, tomar decisiones.

Para que cuenten con el conocimiento y el apoyo necesario para poder mejorar.

Para que vivan en un mundo donde no tengan que empeñarse de por vida para poder subsistir, o donde no eduquemos en la idea de que el consumo y los bienes materiales te dan la felicidad.