El chiste que os voy a contar, que es más una anécdota que un chiste, es producto de mi presencia en numerosos actos pùblicos donde coincido con todo tipo de políticos: concejales gobernantes, concejales en la Oposición, diputados y Alcaldes
Y este pues se podía retrotraer en e tiempo donde a veces hay que saber tratar a las personas y saber saludar. No me voy a ir al chiste de la mano muerte, porque esos de la mano muerta son más peligrosos que una bomba y las matan callando.
Pero a veces uno que está harto de verlos: pues claro a veces muchos a muchos políticos les falta educación y más ante mí o ante mis colaboradores, donde muchos somos especialista en estilismo.
Y hoy en día cualquier gesto, cualquier movimiento, cualquier acción puede suponer una admiración o una detracción.
Este es un alcalde que se ve junto a un periodista y se quedan mirando. Luego el periodista cuando hace su análisis del acto, decía: «Vas muy guapo hoy, hoy vas de diez». Un alcalde que quiere ir a veces más allá y querer leer el pensamiento de lo que piensa el periodista.
A veces rozamos lo inimaginable, lo absurdo, surrealista y sin saberlo, uno va transformando sus pensamientos en comportamientos económicos y otros quieren saber más allá de lo que se ve en un espejo.
Las calles hablas, los espejos te miran. Y claro el periodista se parte el culo entre colegas: «Los disutópicos estos son muy peligrosos: una mezcla de manipuladores emocionales junto a lectores mentales». Hay que dejar vivir a las personas y dejar que cada uno piense lo que quiere. Meterse más allá de lo que hay en el pensamiento de una persona.
Muy pocas personas en el mundo saben leer tu mente. Yo les puedo asegurar, que no lo hago. Hay muchos que si lo hacen sobre mí. Pero a las deducciones que puedan llegar o a las conclusiones que terminen fijando, me importa un pario… como un día dijo un exalcalde a un trabajador agrícola.
Es para echarnos a reir, porque cuando subimos el nivel y vamos de lo que vamos y queremos ser los mejores en nuestros campos, tienen que saber que entran en el dinamismo de una competición de un mundo globalizado, y muchos no están preparados para estar a la altura de otros que llegaron antes, porque van poco a poco, Y poco a poco se va haciendo camino, pero unos van andando y otros que no corren, vuelan. Los ojos de las gaviotas de Audouins siempre les estarán observando.
Déjenlo en el fondo como un chiste: es para reirse, unos se reirán más que otros y otros la carcajada les puede llevar a su propia muerte.
Es la medición de la gracia: unos son más graciosos que otros y otros tienen una cara que hace gracia.
Y no se puede enfadar uno por ser gracioso, aunque veces escuchen o lean chistes que no hacen ni puñetera gracia.