
Hoy quiero compartir algo muy propio, muy mío, más íntimo que todo lo que de mi autoría he publicado. El único fin es, reflexionar sobre el tiempo y nuestros seres queridos. Esos ancianos que muchas veces, por las excusas del propio tiempo, o el trabajo, o la dinámica de la vida, etc, dejamos en un segundo plano y luego, descubrimos que un día ya nos faltan y no aprovechamos el propio tiempo, para hacerles saber y no solo con palabras sino con gestos claros de amor, cuánto han significado y significan en nuestra vida. Aprovechemos cada segundo para darles una gota de amor a esos seres que han dado todo por nosotros, aún desde la fatiga de sus años.
«Tú me acompañas»
Sé que no sabes que sé, que has muerto y que caprichosamente insistes en permanecer de este lado, solo por estar junto a mí. En realidad, sé que no sabes que has muerto y que insistes en hacerte creer, o mejor, en hacernos creer, que todo está bien y que seguimos juntos en el espacio terrenal.
Sé que caprichosamente, soy el primero que insiste en no verte marchar y que cada noche te encuentro en mis sueños, más vívido y amoroso que siempre. Aún percibo tu ropa y tu perfume cuando me abrazas y tu sonrisa… permanente desde el espacio, permanente en tu rostro de hombre, padre y abuelo feliz, me inunda el pecho y te abrazo.
Sé que crees que estoy contigo y en realidad eres tú quien está conmigo, a cada instante en que retomo y revivo tus bromas, anécdotas, refranes y enseñanzas. En cada mañana en la que veo a tantos hombres que adheridos a la edad que vivías, me hacen correr a verificar que su fisionomía, no es el retorno de tu presencia y no te voy a mentir, no acabo de reconocer que te has marchado y muy en el silencio (en algunas ocasiones), echo a llorar y otras más públicamente de lo que le permiten a la hombría histórica que nos sustenta.
Sé que ya a punto de partir y con tu equipaje listo, tuviste la gentileza de callármelo y mentirme por una sola vez en tu vida para no permitirnos la despedida sufrida y triste. Sé que ya no tenías vida aquella última noche en la que estuve a tu cuidado y que, abusando del propio tiempo y de tu destino ya escrito, sacaste fuerzas ocultas para no permitir que fuera esa, nuestra última escena para recordar en las vidas, la mía que he de continuar y la tuya, allá donde estés. Por ese último esfuerzo para mantenernos juntos y no hacerme sentir triste sin ti en esa noche, ni sufrir de forma directa tu partida, gracias. Gracias mil a ti mi general, mi comandante, mi abuelo, mi amigo.
Besos eternos
Tu nieto
Debe estar conectado para enviar un comentario.