
Hacía tiempo que no recomendábamos un lugar donde viajar, donde la Autocaravana Vivir se había quedado aparcada, y el amigo Leopoldo Bernabeu pues ha vuelto a iniciar un nuevo viaje. Y esta vez no se ha ido cerca, se ha ido un poco bien lejos: a Indonesia.
Empieza la nueva aventura: Indonesia
Acababa de llegar de una intensa ruta con Autocaravana Vivir por Galicia. En mi nueva comprensión de la vida, esa que sólo incluye hacer de la vida un motivo diario de ilusión, afrontaba el inicio de una nueva temporada en BOM Radio y un poderoso calendario que ya anunciaba nuevas rutas y nuevos retos. Todo está saliendo a pedir de boca. Convencido estoy de que la actitud es el 75% de todo lo que nos sucede.

Siendo consciente de que en Octubre tendríamos dos semanas de vacaciones, y pleno de ilusión por hacer algo todavía más diferente y exclusivo que lo mucho hecho en estos últimos apasionantes 4 años viajando sin descanso, me encontré en medio de un camino llamado Desafío Zero. Una especie de locura que voy a ver cómo te explico.
Desde que decidí inmiscuirme en el mundo de los nómadas digitales, al que vigilo desde el extraradio porque me falta el valor suficiente para adentrarme de lleno, me suceden cosas muy interesantes, absolutamente novedosas y que nunca he querido desaprovechar. Una de ellas se llama Desafío Zero, una especie de mix entre agencia de viajes y grupo de locos aventureros… muy bien organizados.
Varios son los «desafíos» que se proponían en nuestro destino, pero uno era el que coincidía con las posibilidades que este todavía rígido mundo, nos permitía: Indonesia. Ojo, Senegal, la Patagonia y algún otro, quedan pendientes.

Y aquí nos tienes, esperando el primero de los tres vuelos que nos llevarán, 22 horas de viaje
mediante, hasta Denpasar, en la isla de Bali. Y poco más puedo contar, porque de eso se trata, de una aventura en la cual, lo único que sabemos es que nos han permitido traer una mochila con 7 kilos de peso y otros tanto de misterio e incertidumbre a partes iguales. Iremos viendo la fiesta en la que nos hemos adentrado… Sólo me permiten avanzar que un día dormimos en un barco y que dentro de 13 días volamos desde Modo, la isla de los Dragones, de vuelta a Bali. Cómo hemos llegado a esta esa isla que a más de 1.000 kilómetros de la primera?…..
Aquí iniciamos una aventura que, en principio, os iré contando a través del Facebook de Autocaravana Vivir y el mío propio, además de entrar de lunes a jueves a partir de las 12 en BOM Radio Benidorm, cuando mi compañero Saz Planelles y las circunstancias, nos lo permitan.

Sí, ya lo sé, suena un poco a locos, pero de eso se trata. Lo que no se sostiene es que lleve cuatro años diciéndote que por favor dejes de decir que quieres vivir la vida para empezar a vivirla de verdad, y dejar nosotros de hacerlo. Ni de coña. Estoy en la segunda parte del partido, veo que son muchos los que lo terminan de forma inesperada, y lo que se tenga que arreglar de este confundido mundo, que lo hagan las siguientes generaciones. Nosotros, a Vivir. Aplicatelo cuanto antes.
P. D., anoche nos devolvieron Autocaravana Vivir después de su primera aventura en manos de una pareja que la alquiló una semana a través de Yescapa. La aventura no ha podido salir mejor, según ellos, y la idea no ha podido ser más acertada, según nosotros. Nos alegramos de que tenga muchos pretendientes.
Seguimos volando hacia nuevas aventuras.
Y de repente, estamos en Indonesia

Bueno, más concretamente en la isla de Bali, y para ser más específico todavía, en Ubur, la capital cultural de esta pequeña isla que viene a quedar por el centro de un archipiélago de 17.500 islotes, el más grande, extenso y poblado del mundo, con más de 5.000 kilómetros entre sus extremos y rozando los 300 millones de habitantes.

Al final, el largo viaje de 36 horas, las que van desde que nos levantamos en Benidorm hasta que llegamos al «hostel» en Ubur, no ha sido tan duro como presuponía. Coche, tren, tres vuelos, interesantes carreras por aeropuertos y taxi a volante cambiado hasta el destino, han resultado más livianos, constructivos e interesantes que las supuestas e injustas catastróficas previsiones.
Un grupo de 14 personas que nos empezamos a conocer ahora, dormíamos apiñados en literas con tanta incertidumbre como ilusión agolpadas a medias entre el corazón y el sentido común.

Aterrizar en el poderoso aeropuerto de Singapur empezaba a situarnos. La realidad nos recuerda que estamos en el sur de Asia, al otro lado del mundo, y que todavía tenemos que viajar al centro de Indonesia. Un plato de sopa con sabor picante y algo rasposo empieza a darnos las primeras indicaciones. No estaba nada mal.
La noche está encima nuestra, sin apenas habernos dado tiempo a saborear el día. Seis horas de diferencia y ya son casi las dos de la madrugada cuando llegamos a un colchón tan deseado que nadie miró la etiqueta.

Madrugar junto a este grupo de desconocidos que en 10 minutos se convierten en amigos inseparables, es la primera de las muchas experiencias que nos esperan estas dos próximas semanas.
Desayunar de aquella manera, cambiar dinero de aquella otra, pagar 5.000 rupias por una botella de agua (30 céntimos de euro) y empezar a pasear por el centro de Ubud, es el comienzo de una aventura que apunta maneras. Calor tropical, jaleo dominicano, caos napolitano y locura estilo El Cairo, no puede ser mal cocktail. Ya lo iremos descifrando, descubriendo y describiendo.

Después de poner tarjeta en el móvil adaptada al pais y las circunstancias, nos adentramos en los típicos arrozales de las películas vietnamitas, apareciendo en un local que nos sirve, rodeados de una brisa que invita a la siesta española, unos platos de arroz, verduras y pollo, aliñados con picante y sate, que quitan el hipo y reclaman esos maravillosos jugos de frutas tropicales que endulzan y refrescan la garganta y en ambiente. Un café ya sería el remate final, pero hasta aquí hemos venido con mente abierta y adaptarse a lo que toque.
Entre rituales, magia, retos y sorpresas

¿De verdad han pasado 24 horas? En tiempo real sí, en tiempo espiritual, mucho más. Si nos dicen hace dos días que íbamos a hacer las cosas que estamos haciendo, nadie lo hubiera creído. Pero sí, de eso iba este Desafío Zero, y ahora no hay marcha atrás.
Fue terminar el relato de ayer, justo después de saborear la primera de las muchas comidas típicas que en Indonesia vamos a saborear…. Y nos encontramos con el primer reto. Sin pensarlo dos veces, porque ese sería el gran error, salimos por patas en busca del típico motoconcho dominicano en versión asiática con el que tendríamos que llegar, como fuera, al Taman Beji Grita Waterfall. Ojo, llegué el cuarto de 14, que para ser el más abuelete de la expedición no estaba nada mal.
Conseguido ese objetivo, doce kilómetros y media hora después, nos vimos vestidos de monjes tibetanos versión balines para empezar a desarrollar rituales, a cual más mojado de todos, y disfrutar de una experiencia realmente diferente y extraordinario. Te pido por favor que no me obligues a explicarte que hicimos, disfruta mirando las fotos y extrae tus propias conclusiones.
Un grupo de 14 desconocidos que 24 horas después somos como hermanos, nos vimos en una sin igual y disfrutamos de un completo día de Expedición que no es más que el primero de 15.
Llegar al indescriptible hostel en el que nos hospedamos, rodeados de unos lindos amiguitos marrones voladores que dan bastante grima, nos duchamos sin mirar en exceso a ningún lado y a dormir, sólo algunos, porque al día siguiente, es decir hoy, nos esperaban nuevos desafíos.
Dicho y hecho. De buena mañana y repartidos en tres vehículos, nos adentramos por las «curiosas?» carreteras del centro de está volcánica isla en dirección norte hasta llegar, una hora después a la zona de Auman, para situarnos en las villas de Gajah May, donde las vistas son el espectáculo principal y las cascadas gemelas, al fondo de un empinado recoveco, la magia del lugar.
Hora de reflexión y de confesiones. Desafío Zero coge cuerpo y todos empezamos a situar nuestras bondades por encima de nuestros errores. Es la esencia del viaje. Conexión, naturaleza y magia.
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