Entrevista a Beatriz Ledesma Gorostiza

Beatriz Ledesma es la madre de Beatriz Vaello. Fue, en su tiempo, una gran bailarina de talla internacional, con el nombre artístico de Beatriz de Lenclós. Acaba de cumplir 99 años.

UNA ENTREVISTA DE MANOLO PALAZÓN

Periodista: ¿Nos puede hablar, en primer lugar, de sus orígenes: lugar de nacimiento, infancia, estudios?

Respuesta: Yo nací en agosto del año 23 del pasado siglo, en Vitoria; estudié en esa ciudad y en Bilbao, en un colegio francés; después, en Madrid, con las monjas. No pude hacer el bachillerato porque estalló la guerra cuando tenía 13 años; cuando la guerra terminó, ya me estaba dedicando al baile.

Periodista: Lo más importante de la entrevista: Inicios, trayectoria en la vida profesional, logros conseguidos…

Respuesta: Empecé muy joven, por iniciativa e imposición de mi madre; ella quería que fuera una gran artista, y lo consiguió. Me llevaba a los teatros, a los estudios de baile… Recuerdo que empecé bailar con doce años para los soldados, a cambio de un chusco; después bailaba y cantaba en salas de fiestas, como Casablanca. Más adelante, fui pareja de Toni Leblanc, he actuado con la gran Mary Santpere, estuve en la compañía Colsada de Alfonso del Real (“Espabíleme usted al chico”) y en la de Adrián Ortega (“El paraíso de las señoras”, “Las mentirosas”…). Yo tenía un papel concreto en las revistas y teatros; hablaba, cantaba y bailaba. Al término de la guerra, ya era una “primerísima figura”, “la vedette de la exquisitez” decían los periódicos. Recuerdo “Una noche fuera de casa”, en el teatro Albéniz. Recorrí durante doce años las principales capitales de España, en una carrera fulgurante de éxitos (en los años 50). A los 30 años abandoné el teatro, después de la muerte por leucemia de mi primer novio, un piloto de prestigio; reconozco que no me gustaba el ambiente de los artistas. Entonces quise desconectar de la vida del espectáculo y me vine a Benidorm, al hotel Planesia, buscando la tranquilidad junto al mar; al poco, conocí al que sería mi marido, nacido en Benidorm, Maximiliano Vaello Llorca, y me casé a los 33 años. Máximo era ingeniero y nadador olímpico; lo llamaban el “Tarzán” de Benidorm. Recuerdo que algunas chicas no me miraban bien porque yo fui la elegida.

Periodista: ¿Y el apelativo de Lenclós?

Respuesta: Era mi nombre artístico. Se le ocurrió a un empresario de una sala de fiestas, porque decía que Ninon de Lenclós era una escritora francesa del siglo XVII que conservó su belleza hasta su muerte, a los 85 años. Era un apelativo halagador y sonoro.

Periodista: ¿Ha llevado una vida agradable? ¿Le ha proporcionado satisfacciones? Si pudiera volver a empezar, ¿haría las mismas cosas?

Respuesta: Mi vida ha sido agradable porque siempre hecho lo que he querido; si pudiera volver a empezar, estudiaría una carrera, y quizá no me dedicara al teatro. Mi carrera fue corta pero brillante. Todo el mundo se extrañó de que me retirara de los escenarios cuando había alcanzado la cima. Como siempre he dicho, el secreto es saber retirarse a tiempo. Me llamaban la “vedette de las señoras” y “la señora de las vedettes”.

Periodista: ¿Ha tenido reconocimientos públicos, como homenajes, medallas, placas, etc.? ¿Dónde?

Respuesta: Hace cuatro años me hicieron un homenaje en el Benidorm Palace. Fue un acto muy bonito, salvo que me relacionaban con la moda del bikini, el dos piezas como yo lo llamo; nunca me lo puse, porque considero que es como ir desnuda. Y hace dos años tuve un homenaje muy emotivo en Vitoria, mi ciudad natal. No me puedo quejar. Ah, y en una ocasión me nombraron fallera de honor en Valencia y me dieron la insignia del foc.

Periodista: ¿Cómo ve la evolución del mundo en general durante casi su siglo de existencia?

Respuesta: Voy aceptando las cosas como vienen. De niña, sufrí la terrible guerra civil; en mi juventud triunfé en el teatro; me relacioné con altos cargos de la política, con multitud de artistas; ya en Benidorm, he llevado una vida hogareña, cuidando de mi familia, dedicada a “mis labores”, como se decía antes, participando en las actividades del Club de Leones y frecuentando a entrañables amigas como la esposa del alcalde Reverte. De todo un poco. En la actualidad llevo una vida tranquila, demasiado tranquila.

Periodista: Mi siguiente pregunta es si algún descendiente se ha dedicado también a bailar. Quizá me la pueda contestar su hija Beatriz, directora de una Escuela de baile desde hace muchos años; y de paso que nos hable a grandes rasgos de su trayectoria profesional.

Respuesta: Lo mío no tiene nada que ver con mi madre. Yo, de pequeña, no sabía andar, y me llevaron a una escuela de baile para que aprendiera. Así empecé, al principio por necesidad, después con verdadera vocación. A los 16 años sustituí, por circunstancias, a una profesora en el Lope de Vega. Y en 1981 creé mi escuela de ballet. Mi gran frustración es no haber estudiado Psicología; a cambio, he hecho las carreras de baile clásico y español. Tengo la gran satisfacción de que algunos de mis alumnos han triunfado en el mundo del espectáculo (María José Moya es un ejemplo, que también creó una escuela de baile en nuestra ciudad). He estado 11 años de profesora titular en el Conservatorio de Benidorm, donde pedí la excedencia, y me he dedicado a bailar y a enseñar (25 años en Benidorm y 16 en La Nucía). Me han concedido muchos premios a lo largo de mi carrera, y continúo en activo.

Periodista: Sigamos con la madre, la protagonista de esta entrevista. ¿En qué ocupa el tiempo? ¿Cuáles son sus aficiones? ¿Qué tal anda de salud?

Respuesta: En realidad, me aburro. Los días se me hacen eternos. No tengo gente de mi edad con quien hablar: tanto mis amigos de Benidorm como los artistas que conocía han ido desapareciendo. Tengo problemas de movilidad; paso mucho tiempo en la cama y frente al televisor. De salud estoy bien, salvo una incipiente sordera y la imposibilidad de salir a la calle sin ayuda (yo, que siempre he sido tan autónoma). Llevo 30 años viuda; he vivido hasta hace siete años en la Calle Ruzafa, de Benidorm; ahora vivo en Altea con mi hija Beatriz y un nieto que estudia Derecho y Relaciones Internacionales, un gran muchacho; quiere hacer la carrera diplomática. Estoy a gusto con ellos, pero paso mucho tiempo sola.

Periodista: Tendrá muchas anécdotas de su vida profesional. ¿Nos podría contar alguna en especial?

Respuesta: Bueno, ya sabe la vida del artista; he sido solicitada por multitud de admiradores, que me hacían llegar al camerino ramos de flores, brillantes y hasta cheques en blanco (que yo rompía nada más recibirlos). Recuerdo que una vez me trajeron un ramo de orquídeas y se lo pasé a Mary Santpere, quien inmediatamente se lo puso y salió con él a escena. Yo siempre he sido muy recatada en el vestir y en mi forma de comportarme; con decirle que la censura venía a ver cómo iban vestidas las artistas antes de salir al escenario y a mí nunca me pasaba revista de tan modosita como me veía. Repito que no me gustaba el ambiente del teatro y por eso lo dejé, justamente cuando había alcanzado la cima del éxito (a los 30 años). Han pasado casi setenta años y no me arrepiento. Es un contraste enorme: pasar de la fama, del triunfo, a la más absoluta tranquilidad hogareña. Pero lo he querido así.

Periodista: Muchas gracias. Me alegro mucho de haberla conocido; y pienso que nuestros lectores tendrán una gran satisfacción al leer estas declaraciones. Que siga bien.