El ignorante afirma, el sabio duda, el prudente reflexiona

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Leopoldo Bernabeu.- Escribir sobre la situación, ¿alguien lo va a leer?. La saturación de información es tal desde que empezó esta odisea que lo dudo. ¿Escribimos para que nos lean?, no sólo para eso. La necesidad de expresar lo que llevas dentro, sacarlo fuera, dejarlo correr. Escribir es liberarse. Y cuantos más días pasan sin hacerlo, más difícil es resumir después. No me preocupa tanto la situación sanitaria que ha creado esta perversión, como el mundo que nos quedará después. Podemos dramatizar lo que queramos, el miedo es libre, pero no es más que un virus, que al ser desconocido y no tener vacuna, ha sembrado de incertidumbre el planeta, pero una gripe al fin y al cabo que siempre se ha llevado a más de seis mil personas por año en nuestro país. Sólo hay que detenerse a leer los datos y dejar de infectarse con información que no lo es.

Lo del amigo Coronavirus es algo que va mucho más allá de un simple virus. Sin todos los datos en la mano a pesar de las ingentes horas dedicadas a la lectura y la acumulación de datos, me atrevo a opinar, al igual que lo hacen otros muchos quizás con menos datos que pero con soportes de mucho más alcance, que este es el resultado y el castigo que se nos impone por ese estilo de vida que de manera tan desmesurada nos hemos impuesto en las últimas décadas. Una vida de comodidades no conquistadas ni merecidas pero siempre exigidas, y en la cual las obligaciones y el respeto por lo que nos rodea, se han ido aparcando. Nos ha parecido bien que otros decidan por nosotros, hemos decidido que los más incapaces velen por nuestros intereses… Es el capítulo bélico que nuestra generación no había vivido. Se veía venir, ahí están los libros de historia.

Sorprende ver con que facilidad se arruinan las vidas de muchos tan sólo después de unas semanas de confinamiento. Duele ver el sideral control que de todos nosotros tienen los que controlan las teclas. ¿Alguien duda todavía que este virus no es más que el resultado de las luchas de poder entre aquellos que nunca tienen suficiente y quieren dominar el mundo como si nunca se fuesen a morir?. Ni siquiera es eso lo que me preocupa y, sobre todo, sorprende. Es verificar con que pavorosa facilidad se derrumba todo lo que, se supone, nos había costado años construir, una sociedad del bienestar que se sostenía en muros de niebla. ¿Quién no ha sentido miedo estos días?, y no hablo del temor a que se nos marche un familiar, la mayoría personas mayores que ya padecían otras patologías, sino a ese miedo sobre que va a pasar con nuestras vidas una vez termine esto. Somos cada uno de nosotros quienes hemos elegido a aquellos que hoy nos parapetan y enojan. ¿De verdad nuestra vida era tan estable que se ha derrumbado en pocas semanas?.

Es curioso ese sentimiento que me invade estos días alegrándome de haber hecho bien las cosas, viendo en cambio como a mi alrededor hay tantos amigos, tanta gente pasándolo mal. Hace doce años una maldita e inesperada crisis económica arrasó mi vida. Me prometí entonces que nunca más volvería a caer en las garras del sistema. Hoy me siento bien al ver que cumplí mi palabra, pero es un sentimiento efímero, porque no somos nadie si a nuestro alrededor nada funciona. Sin temor al futuro más inmediato, siento que tengo que ayudar a la gente que me rodea, dando por zanjado que nadie me ayudó a mí cuando lo necesité. La verdadera paz interior está en ayudar sin esperar nada a cambio.

La guerra no la empezó España y poco podía hacer por impedirla. Pero viendo las estadísticas que desde el lejano oriente llegaban a diario desde principios de año, la estulticia y pubertad de un gobierno infantil e infame, ha conseguido que seamos el referente mundial en contagiados y fallecidos, para mayor vergüenza nacional y mundial. ¿La solución a una gestión nefasta?, estado de sitio para terminar de hundirnos económicamente a los que quedemos vivos. Habrá quien todavía sea capaz de defender esta gestión política y eso es lo que realmente me sorprende. El ser humano nunca termina de superarse a si mismo.