Benidorm, ¿de verdad que va bien?

Benidorm, ¿de verdad que va bien?

No hay más que darse un paseo para ver decenas de locales cerrados y en alquiler

Leopoldo Bernabeu

“El peso pesado de la economía española continúa su progresiva desaceleración. El frenazo del turismo responde a la caída de la demanda extrajera”

El verano y la política, dos elementos que se suponía contrapuestos, se han aliado este año y nos sirven de narcótico perfecto para generar la somnolencia necesaria que nos mantenga anestesiados. La playa, el solecito y la necesidad de vacaciones, son el cocktail perfecto y bien teledirigido, para que no se hable de otra cosa y dejemos de percatarnos si la cosa marcha o no. Es, ante la falta de fútbol, el opio veraniego del pueblo.

Si a esto le unimos el sopor de un verano político inusual, no porque esté resultando efectivo para los intereses del país (ya dice Vox que habría que dejar de pagar el sueldo a esos 350 diputados que no están haciendo nada desde hace más de 80 días) sino por ofrecernos el espectáculo más cansino, insoportable y con dosis añadidas de insulto generalizado que supone, día tras día, ver cómo nos toman el pelo, han conseguido que a casi nadie le quede un gramo de conciencia para fijarse en una realidad que se nos aproxima a la velocidad de la luz y que ya no es ningún espejismo.

El peso pesado de la economía española continúa su progresiva desaceleración. El frenazo del turismo responde a la caída de la demanda extrajera. Y es que existen dos Españas turísticamente hablando, un mercado interior al alza y nosotros, los del destino de sol y playa, que somos los que más dependemos de esa demanda extranjera, en declive desde 2018. Esta menor afluencia de turistas, que aumenta a medida que avanza el año, tiene una evidente, nada novedosa y muy conocida explicación: la recuperación de los países competidores de la franja mediterránea, Túnez, Turquía y Egipto, estos dos últimos con crecimientos del 11 y del 46%. Y como sigamos sin hacer nada, podemos perder otra importante cuota de mercado pues ellos luchan por recuperar un 40% más. El turismo nacional, por el contrario, ha crecido un 4% gracias a la mejora del poder adquisitivo, pero en absoluto compensa el descenso del extranjero.

“Mientras en Finestrat, por ejemplo, no dejan de anunciarse la llegada de nuevas y poderosas empresas”

Son datos fáciles de comprobar. No hay más que darse un paseo por Benidorm para ver decenas de locales cerrados y en alquiler. Por cualquier barrio de la ciudad sin excepción. Mientras que en Finestrat, por ejemplo, no dejan de anunciarse la llegada de nuevas y poderosas empresas. Benidorm está durmiendo el sueño de los justos y parece que a todos nos da igual. Mucho hablar de DTI (Destino Turístico Inteligente) y otras muchas historietas que en nada suman a nuestro crecimiento, mientras siguen pasando los años y nos somos capaces de ofrecer una oferta complementaria medianamente seria. No tenemos oferta cultural, ni deportiva, ni gastronómica, seguimos siendo una ciudad muy sucia, mal cuidada. Nos organizamos tan mal que llega la temporada alta y espantamos a nuestros visitantes que se encuentran una ciudad cortada al tráfico por todos lados, con cientos de obras, media ciudad levantada, no les dejamos aparcar en ningún lado y con una escena urbana del siglo pasado.

Mientras tanto tenemos un equipo de Gobierno, que está encantado de haberse conocido y son un prodigio de la fotografía y la presencia en actos. Actos, la gran mayoría que no son más que vedettes y marketing, pero que en absoluto sirven al crecimiento de nuestra ciudad y al cuidado de nuestro futuro. Actos que sólo cumplen el objetivo de cubrir el expediente del dineral que su incapacidad nos cuesta todos los meses. Ojo, y si el Gobierno está jugando a la ruleta rusa con el futuro de Benidorm, de la oposición ni hablamos, directamente porque ni existe.