El Presidente calamidad y el futuro incierto del pueblo español

Leopoldo Bernabeu presidente calamidad

¿Cómo es posible que habiéndose recuperado dos millones de puestos de trabajo, con la consiguiente recaudación de impuestos en materia de seguridad social, la hucha de las pensiones esté con telarañas?

Leopoldo Bernabeu. Secretario General de CONTIGO SOMOS DEMOCRACIA.- ¿Realmente crees que no es necesaria la aparición de nuevos proyectos políticos en este país todavía llamado España?. No sólo es necesario, sino que resulta asfixiantemente urgente. Y somos todos los ciudadanos los principales responsables de que esto se convierta en una realidad, todos. Cuanto más tiempo pasemos renegando de la política, tal y como la conocemos a día de hoy, peor nos irá. Si básico ha resultado comprobar el éxito de convocatoria en las movilizaciones por toda España en defensa de lo que hemos entendido se nos quería amputar, mucho más urgente es la necesidad de dar un paso adelante y apoyar nuevas ideas políticas y nuevos líderes, capaces de dar un giro de 180 grados a esta insoportable situación.

España está hoy en manos de cuatro fórmulas políticas, idénticas entre sí, unas viejas y otras que se hacen llamar nuevas, pero todas ideadas por el mismo tipo de cerebro, cuyo objetivo único es moverse dentro de una esfera que sólo las hace girar entre sí mismas como auténticas marionetas, colocando a unos y a otros en distintas posiciones según el momento que convenga. Ninguno ofrece soluciones reales a los problemas cada vez más acuciantes que hacen tambalear la estabilidad e integridad históricas de esta nación. No son estos presuntos líderes de opinión, ninguno de ellos, los políticos que en este histórico momento necesita España para afrontar de cara los problemas y ofrecer soluciones reales a lo que nos está sucediendo.

¿Estamos esperando a volver a entrar en recesión para afrontar la urgente reforma del Pacto de Toledo?

Que el separatismo catalán es un verdadero problema, no se pone en duda. Que sobre él es necesario hablar e informar, tampoco. Pero lo que jamás nadie hubiera imaginado, excepto este presidente calamidad que nos mal gobierna, es que toda esta odisea, convertida en el principal y más grave problema que ha padecido nuestra democracia desde la dictadura, mucho más serio incluso que el fallido golpe de estado del 23 F, pudiera ser la tabla de salvación de este Presidente del Gobierno. Resulta increíble. Algunos incluso dirán que esto sólo pasa en España. Un problema como el sucedido en los últimos tiempos en Cataluña, fruto de la desidia de la clase política incapaz de tomar una sola medida en los últimos cinco años para atajar este creciente problema, le hubiese costado el puesto a cualquier Presidente de un país democrático con sentido de Estado. Pero aquí no, aquí al revés, este drama está sirviendo para afianzar a Pedro Sánchez en el sillón de la Moncloa con absoluta tranquilidad.

No es normal que en pleno proceso de recuperación económica, veamos cómo se está estancando de forma muy peligrosa la creación de puestos de trabajo. ¿Esperamos que estos se generen cuando la tendencia cambie a la baja?, ¿cómo es posible que habiéndose recuperado dos millones de puestos de trabajo en los últimos años, con la consiguiente recaudación de impuestos en materia de seguridad social que ello conlleva, la hucha de las pensiones esté con telarañas y teniendo que solicitar préstamos para pagar a los ya 10 millones de pensionistas, creándoles además ese constante desasosiego impropio de una democracia como la nuestra?, ¿estamos esperando a volver a entrar en recesión para afrontar la urgente reforma del Pacto de Toledo?. La mentira, incapacidad y falta de diálogo, son muestras de identidad de un Gobierno atenazado por los múltiples casos que salpican su ilógica gestión diaria. Una oposición ciega por conseguir el poder, desatendiendo las principales amenazas que se ciernen a gran velocidad sobre este país, tampoco ayuda.

Resulta vergonzoso ver como cada día se dedica una ingente cantidad de páginas de periódicos, interminables tertulias de radio y un sinfín de horas de televisión al problema de Cataluña, mientras es ya un clamor la desaceleración de nuestra economía, están amenazadas las pensiones de nuestros mayores y se resiente el mercado turístico por primera vez en muchos años, olvidando que sigue siendo esta la industria que más puestos de trabajo mantiene en España y la que más recursos genera.

Pero claro, el Presidente calamidad está en su mundo disfrutando de los lujos del poder con un descaro y un desprecio a la opinión pública como jamás se había visto en Democracia. Cómodo en su incapacidad mientras se acrecientan los problemas de este país. No emplea tiempo en fijarse que España se aproxima, y este es el principal problema, a una nueva recesión económica sin haber corregido los motivos que nos condujeron a la anterior, demasiado cercana todavía en el tiempo como para que muchos de nosotros hayamos desistido tan pronto de aportar nuestro granito de arena y quitar a todos estos ganapanes la varita mágica del poder.

Les invito a que reflexionen si de verdad nos podemos permitir el lujo de no querer hablar de política, de no participar en proyectos nuevos y, sobre todo, el rechazar escuchar a aquellos que decidan dar un paso adelante. Démosles a estos una oportunidad, a los que hay ya los tenemos muy oídos y sabemos de lo que son capaces. Y sino lo queremos hacer por nosotros, hagámoslo por aquellos que nos siguen, sin culpa ninguna de encontrarse este patético futuro.