Las Letras Valencianas Contemporáneas vuelven a ser protagonistas en Altea durante la entrega de sus premios

Altea se convirtió un año más en la capital de la cultura y las letras valencianas contemporáneas, en el transcurso de la entrega de la segunda edición de los Premios Altea de Literatura e Investigación.

El pasado sábado por la noche, en Palau Altea, se entregaron los premios de este año que recayeron en Rafael Roca, Mercè Climent y Tom Colomer. Además se concedió el Premio Estela de Honor, que reconoce la trayectoria en el ámbito de la literatura, el arte o la investigación a título póstumo, y que este año recibió la familia del pintor alteano Joan Navarro Ramón.

El acto estuvo presentado  y conducido por la periodista alteana Ángela Tecles, y en la parte musical contó con la actuación en directo de la Orquestra Blava.

Personalidades del mundo de la cultura, de la universidad y de la política estuvieron presentes en la entrega de los galardones alteanos, entre los que cabe destacar al director de la catedra Enric Valor, Joan Borja; el director del instituto alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, José Ferrándiz; el presidente del consejo rector Caixaltea, José Miguel Cortés; el presidente de las Corts Valencianes, Enric Morera; el secretario autonómico de Cultura, Albert Girona; y el alcalde de Altea, Jaume Llinares, que actuó como anfitrión.

Ganadores Premios 2018

El Premio Estela de Honor, este año, fue a reconocer la trayectoria de un pintor ilustre como fue el alteano Joan Navarro Ramón. El premio lo recogió su sobrino Javier Barrio Navarro, que muy emocionado agradeció en nombre de su familia el homenaje en estos premios.

Navarro Ramón nació en Altea en 1903, Navarro Ramon inició su formación como artista en Valencia y Madrid. En 1928 se casó y fijó su residencia en Barcelona. En 1934 hizo su primer viaje a París, ciudad en la que fue invitado en 1937 a participar en el ya mítico Pabellón de la República, donde expuso la obra Et venjarem, junto al Guernica de Pablo Picasso, la Fuente de Mercurio de Alexander Calder, o El segador de Joan Miró, entre otros.

Su obra, expuesta en multitud de instituciones y museos, ocupa un lugar de privilegio en la historia del vanguardismo valenciano y, en general, del arte europeo del siglo XX.

El premio Francesc Martínez Martínez d’Assaig i Investigació recayó en Rafael Roca, autor de “La germanor cultural valencianocatalana a través d’un epistolari inèdit de Teodor Llorente (1865-1910)”. Rafael Roca es natural de Alaquàs, y es profesor del Departamento de Filología Catalana de la Universitat de València, y secretario de la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la misma universidad.

La obra ganadora del Premio Francesc Martínez Martínez, se centra en analizar 151 epístolas que nunca han visto la luz, del poeta, periodista y político Teodor Llorente, que fueron reproducidas hace muchos años y de manera marginal, y que Llorente redactó y envió a un total de 24 autores.

Para el ganador, Rafael Roca, supone una satisfacción recoger este galardón, y recordaba la figura de Teodor Llorente “como lider e ideólogo de la rama valenciana de la Renaixença, el movimiento de reivindicación lingüística y cultural que compartimos con catalanes y baleares. Además, fue el personaje más influyente y decisivo del mundo social y cultural valenciano de la segunda mitad del siglo XIX. Así pues, no sólo es el escritor que aporta una más extensa producción lírica, sino también el que mayor calidad lingüística y literaria acredita”, concluyó el ganador del Premio Francesc Martinez i Martinez, Rafael Roca.

La obra ganadora del Premio Altea de literatura infantil juvenil fue para “Murta i els minairons”, de la escritora alcoyana Mercè Climent Payà. La ganadora es ingeniera agrónoma y licenciada en Filología Hispánica, y en la actualidad vive en Gandia y compagina la escritura con la labor de editora de Lletra Impresa Edicions. Escribe para niños y para adultos, pero siempre con la consigna de crear belleza con las palabras.

En la novela infantil ganadora del Premio Altea, Murta es la protagonista. Una niña que vive entre las comarcas de la Safor, la Ribera y el Pallars Sobirà y habla de un modo peculiar. Un poco por casualidad y un poco por curiosidad, encontrará un canuto de minairons y se lo llevará a casa. Los minairons son seres tan pequeños que pueden vivir miles de ellos en un canuto de caña.

Murta i els minairons es una historia de mitología y tradiciones propias (los minairons, la noche de San Juan, las fallas del Pirineo), llena de magia y de fantasía, donde nuestro paisaje deja de ser escenario para convertirse en personaje: la Murta, la sierra de la Serrella, el río y las montañas del Pallars Sobirà…

Para Mercè Climent, “ganar el Premio Altea de Literatura Infantil i Juvenil ha sido una alegría inmensa. De hecho, aunque he publicado algunas novelas infantiles, como Lina Panxolina i el quadern màgic, Marc i el poder sobre el temps, La flauta màgica o El misteri dels Reis d’Orient, nunca ninguna de ellas había recibido un galardón”, destacó Climent.

Finalmente, la obra ganadora del Premio Carmelina Sánchez-Cutillas de novela y prosa creativa recayó la novela “Gens il.lustres” de Tom Colomer Saus.

El autor es natural de Sabadell y es estudiante de Filología Clásica y de Estudios Literarios en la Universitat de Barcelona, dedicando las pocas horas libres de las que dispone a escribir y dirigir teatro. Ha ganado más de cincuenta certámenes literarios en Cataluña y ha publicado artículos en diversas revistas digitales.

Gens il·lustres es un texto escrito por un joven de 17 años que ha cogido sus propios apellidos desde mediados del siglo XIX y los ha analizado en el período de unos ciento cincuenta años, es decir, remontándose cinco —incluso seis— generaciones, y ha narrado lo que pasó, enlazándolo con el contexto de la importante industrialización de la ciudad de Sabadell. El centro de la novela son tres generaciones de Colomers y de Saus, que se cruzan mágicamente varias veces.

Para el autor, “Esta historia es fruto de la impotencia de ver morir gente a mi alrededor y darme cuenta de que con ellos se pierde su memoria, irremediablemente. Por eso me he metido en el mundo de la literatura: para intentar almacenar todo el patrimonio familiar posible”, destacó Tom Colomer.

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