Un lugar donde viajar: Dublín

Las calles de Dublín son un bullicio de pasado y presente, una mezcla milenaria que ha inspirado por igual a escritores, viajeros y agitadores políticos. Pasear por sus calles es sumergirse en la historia, desde sus raíces vikingas en la ribera del Liffey, hasta las iglesias medievales con sus restos momificados y sus reliquias sagradas, pasando por las elegantes calles georgianas y los grandes edificios donde tuvieron lugar sucesos ilustres y a veces escandalosos.

Déjate asombrar por los antiquísimos manuscritos iluminados que se exhiben en el Trinity College; piérdete por los numerosos museos de la ciudad; descubre a fondo el exuberante parque Fénix y disfruta de la calma de un paseo por St Stephen’s Green.

Guinness Storehouse

Hace falta MUCHO para convertirse en icono, pero Guinness lo ha logrado. Puede que el “Black Stuff” sea famoso en todo el mundo, pero este porter que tanto tarda en asentarse nació en St James’s Gate, en pleno corazón del casco antiguo de Dublín. En 1759, un emprendedor maestro cervecero de nombre Arthur Guinness firmó un arrendamiento de 9.000 años sobre una cervecería, por un alquiler anual de 45£. Un par de siglos después, nació el Storehouse. Construido en el estilo arquitectónico de la Escuela de Chicago en 1904, se usó inicialmente como casa de fermentación. Actualmente figura como ‘Mejor atracción turística de Europa’ en los prestigiosos World Travel Awards – una reluciente exposición multimedia con todo desde la publicidad retro de la marca hasta la elaboración de cerveza, culminado con una pinta en el Gravity Bar de 360º. Reserva tus entradas con antelación para evitar colas y ahorrar hasta un 20%.

Como es normal, mientras descubres Dublín también necesitarás reponer fuerzas. Acomódate en uno de los acogedores cafés, gastro-pubs y restaurantes de la ciudad para probar un delicioso plato rápido, o disfruta de una cena más refinada en uno de nuestros increíblemente asequibles restaurantes de estrella Michelín, como por ejemplo el Restaurant Patrick Guilbaud o el Chapter One.

Naturalmente no se puede visitar Dublín sin asomar la cabeza por uno de sus fabulosos pubs. En estos locales llenos hasta la bandera de risas, charla y montones de personajes es donde la ciudad entera acude a desfogarse.

Dublín es la cuna de algunas de las mayores figuras de la literatura, la música y el diseño, y ha inspirado a generaciones de artistas. La ciudad sigue atrayendo a autores, actores, pintores, músicos y artesanos: aquí pueden representar o vender sus obras, conocer e intercambiar impresiones con su público y disfrutar de la creatividad que caracteriza la ciudad. La conversación más interesante que he tenido jamás sobre Beckett fue con un taxista de Dublín.

Se respira el amor por la palabra, tanto en los mejores teatros como en las conversaciones a pie de calle. El simple hecho de compartir las calles por las que transitaron artistas de la palabra como Swift, Wilde, Joyce, Synge, Behan y Beckett es un regalo, pero si profundizas te darás cuenta que hay mucho más por descubrir. En los manuscritos iluminados y las viejas bibliotecas se puede ver cómo la ciudad lleva siglos siendo un paraíso de la erudición.

Además, por supuesto, está la música que fluye por las venas de Dublín: artistas enormes como U2, Sinead O’Connor y Thin Lizzy empezaron todos aquí. Sin olvidar las fuentes de las que beben sus sonidos, la música tradicional irlandesa, y leyendas como The Dubliners y The Chieftains, cuyas melodías líricas siguen intrigando e influyendo en las nuevas generaciones.

Por supuesto, en lo que a estilo se refiere, los diseñadores de Dublín se han hecho famosos transformando los ricos matices de las materias primas irlandesas, como el lino, la lana, la pizarra, la madera y la piedra, en objetos increíbles, sin olvidar nunca la artesanía tradicional, que sigue creándose y apreciándose con cariño.