Estreno del maestro Tortosa como compositor en la Casa de Cultura de l´Alfàs

José Antonio Alcoriza Gallego.- El sábado 5 de marzo de 2016 L’Alfàs del Pi vivió una noche mágica con el estreno del maestro Tortosa, una obra de encargo del Ayuntamiento de L’Alfás a este compositor ,que fuera en su juventud, el único alumno de composición que tuvo Joaquín Rodrigo.

Actos conmemorativos del XXV Aniversario de la Casa de Cultura de l´Alfàs del Pi

El público llenó el auditorio de la casa de cultura nada más abrir la puerta. La expectación que se produjo por el anuncio del estreno mundial movilizó a muchísimos aficionados a la música clásica. La gente de pie, al fondo y en los laterales, la Casa de Cultura a rebosar, no podían haber celebrado para el cumpleaños de las bodas de Plata mejor  acontecimiento ni de más envergadura que éste: El estreno de esta obra que marcará un antes y un después en la historia de L’Alfás.

Yo tenía mi predisposición. Seguro que es una obra llena de ruidos, de efectos, donde estaría latente todo tipo de clúster, con auténticos racimos de notas formando acordes compuestos de semitonos cromáticos consecutivos distintos, así como combinaciones tímbricas terroríficamente mal sonantes, pensé, pero al escuchar el inicio de la composición, con ese bordón grave de la cuerda junto a las campañas, inmediatamente supe que estaba ante una obra inmensa, fantástica, apoteósica, como resultó ser después”

Sin lugar a dudas al maestro Tortosa se le ha presentado el espíritu de su maestro Joaquín Rodrigo porque si no, no se entiende tanta belleza en una misma obra.  No tengo palabras para describir la belleza tan exagerada de esta obra. Durante los cuarenta minutos que duró, ni un solo compás aburría, algo increíble y solo al alcance de unos pocos genios de la música. Sin duda, si esta obra se hubiese estrenado en América, todo el mundo hablaría de ella, pero al haberse estrenado en un pueblo, ha pasado desapercibida, y por ello, quiero dirigir estas líneas para que todo el mundo pueda saber, que la noche del sábado 5 de marzo de 2016, en L’Alfás del Pi, vivimos un acontecimiento histórico, con una obra MONUMENTAL, FANTÁSTICA, del compositor valenciano Juan Francisco Tortosa Esteve..

El concierto se inició con 10 minutos de retraso, la gente se impacientaba, comenzó a aplaudir para que comenzase el concierto, la concejala de cultura. Maite, desesperada por iniciar su discurso y porque notaba que la gente estaba inquieta. El Sr. Alcalde  D. Vicente Arques le indicaba, pendiente del teléfono, que se tranquilizara. Al final, aparecido el autor, y comenzó el acto.

Habló la Sra. Maite, después el compositor explicó con mucha precisión el porqué de su obra, dedicada a L’Alfàs del Pi, en sus tres movimientos:

I “EL PINO DE L’ALFÀS”, donde hacía un recorrido por la historia y explicaba que todo este primer movimiento giraba alrededor del Pino y de las tres ocasiones que L’Alfàs de Polop había necesitado para separarse de la Baronía de Polop y convertirse en lo que es hoy, L’Alfàs del Pi, en honor al pino plantado en la plaza pública del pueblo.

II. “AMANECER EN EL FARO”, donde el compositor explicó con todo lujo de detalles  la música que sonaría en este tiempo y en base a qué se había producido su inspiración.

III. “We Love Sundays Albir” (Tango), donde el autor nos explicaba el porqué de una cadencia andaluza en un tango con ritmo argentino dedicado a L’Alfàs. Curioso y espectacular fusión: música andaluza a ritmo de tango argentino.

La interpretación por parte de la orquesta tuvo algunos desajustes, pero a grosso modo, se puede decir que la leyeron correctamente, o al menos esa es la sensación que dio. El solo del amanecer del segundo movimiento por parte de la flautista fue inmejorable.

Joaquín Palomares estuvo fantástico cuando tocaba con la orquesta, en una obra de una dificultad extrema. Sin embargo, en la Cadenza, se le noto una desafinación muy alta y unos desajustes que sorprendió al auditorio. No obstante, al final se desató la locura colectiva y, con una música tan fantástica y maravillosa, de una belleza propia del mismísimo Beethoven,  salvando las distancias y las armonías y conceptos compositivos de las diferentes épocas, no podía menos que ser un triunfo total y absoluto de todo el publico que, completamente de pie, ovacionó durante muchísimos minutos al compositor, al solista y a la orquesta.