
El pasado 17 de marzo 2026 asistimos en la Asociación Cultural Agoraben que preside Ángeles Valdivieso a una conferencia interesantísima impartida por el profesor de la Universidad Miguel Hernandez, escritor, ensayista y poeta José Luis Ferris sobre la pintora Maruja Mallo. Maruja nació como Ana María Gómez González, en Vivero, Lugo, el 5 de enero de 1902 y falleció en Madrid, el 6 de febrero de 1995. Según los textos fue una pintora surrealista, considerada como una artista de la generación del 27, en la denominada Edad de Plata de la cultura española.
En su familia fue la cuarta de los catorce hijos que tuvo el matrimonio formado por el madrileño Justo Gómez Mallo (funcionario del Cuerpo de Aduanas) y María del Pilar González Lorenzo. El escultor Cristino Mallo (nacido en Tuy en 1905) era uno de sus hermanos. Ambos hermanos utilizaron el segundo apellido de su padre en su nombre artístico.
Debido al trabajo de su padre la familia se trasladaba con frecuencia y, por ello, después del nacimiento de su hermano, la familia se trasladó a Avilés, donde permanecieron desde 1913 hasta 1922. Por ello, Mallo comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en estudios particulares. Allí trabó amistad con el pintor avilesino Luis Bayón.
En 1922, con veinte años, y en un nuevo traslado de la familia a Madrid, entró a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde estuvo hasta 1926, como también hizo su hermano Cristino desde 1923, mientras asistían también a la Academia Libre de Julio Moisés. En Madrid mantuvo un romance con Emilio Aladren, que la dejó por García Lorca, y se relacionó con artistas, escritores y cineastas de la Generación del 27 como Concha Méndez, Salvador Dalí, Ernesto Giménez Caballero, Gregorio Prieto, Federico García Lorca, Margarita Manso, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantendrá una relación hasta que él conociera a María Teresa León y rompiera con ella. Pintora de talento, excéntrica, ferviente republicana y encarnación de la nueva mujer libre y emancipada, Dalí la definirá como «mitad ángel, mitad marisco”. Frecuentaba el Lyceum Club Femenino muy de moda de la aristocracia madrileña en aquella época.
Una anécdota relatada por ella misma dio lugar a la denominación de varias de estas mujeres como “Las sin sombrero”, en un mundo donde el sombrero era una prenda imprescindible: «Un buen día, a Federico, a Dalí, a Margarita Manso —otra estudiante— y a mí, se nos ocurrió quitarnos el sombrero. Y al atravesar la Puerta del Sol nos apedrearon, insultándonos como si hubiésemos hecho un descubrimiento como Copérnico o Galileo”, y desde entonces decidimos llamarlos así. Por no hacerlo muy largo, una conferencia muy amena, documentada y entretenida que nos hizo conocer a esta pintora tan singular, su vida tan agitada y su obra artística tan personal, con sus diferentes fases, hasta acabar en la etapa geométrica, y a todos los artistas de la Generación del 27 que se relacionaron con ella. Durante su etapa del exilio en Chile fue amiga del poeta Pablo Neruda.