Que curioso, verdad Papá…

Tres años seguidos emprendiendo viaje hacia San Vicente sobre estas mismas horas de hoy sábado. La obligación se habia convertido en rutina y la rutina en ocio. Y como todo en la vida, también satisfecho y tranquilo ese sábado que no iba a verte porque estaba fuera. No nos engañemos, feliz igualmente.

Leopoldo D. Bernabeu.- Es la miseria del ser humano, que en mi caso tenía la conciencia tranquila de pensar y creer que estaba haciendo las cosas bien, y por tanto el sábado que no podía bajar, se convertía también en felicidad. Maldita felicidad. Vuelve a ser sábado y quiero bajar a por ti…

Siempre me ha funcionado mejor la presión que la calma. Hoy no he madrugado tanto y he realizado mi rutinaria caminata casi dos horas más tarde. El sol me acompaña en días en los que no me apetece la oscuridad de mis pasiones, pero sigamos sin engañarnos, me falta la respiración al pensar que si hago todo esto es porque sé que no tengo que bajar a por ti, a estar contigo. No siento esa bendita presión obligándome a idear situaciones y temas que debatir a tu lado. Maldita sea, Papá.

Hoy te echo de menos. No he tenido casi tiempo. Que rápido ha pasado todo. Bendito ese martes que decidí bajar a verte sin saber el porqué, pero agradecido al destino que me guía y se adelanta a los acontecimientos. Fue nuestra última conversación en persona y, que casualidad, sí quisiste cenar y yo encantado de dártelo.

Ojalá que al llegar a ese Más Allá te estuvieran esperando tu madre y la mía, sé que Sí. Es la escena que más sobrevuela mi mente, sin descanso, a diario. La envidia me invade.

No te alejes mucho porque me siento demasiado huérfano y no lo estoy llevando del todo bien.

Si ves que hago o actúo de manera incorrecta, ayúdame a corregirlo. Sigues siendo mi guía.