Emilio Fernández Toribio ofrece una conferencia sobre el ser humano en El Faro de Alejandría

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Isabel López Villanueva.- El pasado martes, nos visitó a “El Faro de Alejandría Benidorm” un hombre excepcional, D. Emilio Fernández Toribio.

Nació en el año 1942, año del hambre, en el seno de una familia muy humilde. A los tres años empezó a leer, le entusiasmaron las letras. A los 19, tomo conciencia de la situación política en la universidad donde estudiaba. Su vida fue influenciada por dos grandes libros, las confesiones de San Agustín, que le impacto, y la enciclopedia de las ciencias filosóficas, de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Emilio es catedrático en filosofía y teología del psicoanálisis, psiquiatra, filósofo y sacerdote con cátedra de pensamiento contemporáneo. Se le abrieron horizontes y caminos nuevos en Tubinga, Alemania.

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El ponente se presentó a si mismo leyendo unos versos de Alberto Cortez: “Soy un ser humano”. Analizó en primer lugar el pensamiento y el comportamiento de los filósofos y la mitología de la Grecia del siglo VI a. C. Dice que todos los pueblos, han elaborado sus propios mitos para alcanzar el yo, ya que el mito, siempre oculta la verdad de lo que somos, la realidad de la muerte, del sufrimiento… hándicap que no hace soñar. En muchas tumbas como epitafio final podíamos poner: “Aquí yace don nadie que nunca se enteró para que vivió”.

Comentó como fue testigo de la crisis de orden moral en el mundo occidental, de cómo se han ido derrumbando y debilitando los valores, que nos han hecho más débiles y vulnerables.

Lo relacionó con la frialdad, la infidelidad, la gran mentira del matrimonio, modelo que dejamos a nuestros hijos, como resultado de la prosperidad, la riqueza y la competitividad de un mundo globalizado, donde el centro de la existencia es la economía, donde el hombre usa careta sin ser carnaval, escondiendo no solo lo físico. Lo explica con detalles.

Solicita a los oyentes, hablar desde el corazón al corazón del otro, ya que estamos dirigidos por cadáveres ambiciosos. Manifestó que muchos viven la muerte sin vivir la vida, sorprendió su mención a la cantidad de suicidio en España, aproximadamente 10 personas al día.

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Durante su intervención contó anécdotas, algunas desgarradoras, vividas en su consulta tanto como sacerdote, como de psiquiatra, donde el interés principal no ha sido la búsqueda del hombre por el hombre. Nadie lo expresó como el poeta Jorge López en sus versos, donde describe sobre esta utopía. Y recita del alemán Rilke los poemas de las horas, desmenuzando el tema.

Habla de la perdida de esperanza, recuerda los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, hasta el día de hoy, donde se mueren cruzando el mar, en los terremotos donde caen siempre a los más pobres, las familias de los que aparecen asesinados en fosas comunes, por el millón de niños de las guerras, que a partir de los 5 años les ponen un fusil en sus manos. Perdida de la esperanza, porque antes de la crisis actual, había 8 millones de pobres, ahora hay dos millones más. Aconseja Emilio, la inigualable obra del filósofo Ernst Bloch: “El principio esperanza”. También menciona Pensamiento y obra de Juan Rof Carballo “Ternura y violencia”, a mayor ternura menos violencia.

Es difícil resumir, por la profundidad del mensaje, lo manifestado en la conferencia del día 28 de noviembre. Donde el conferenciante se atreve a protestar sobre varios puntos sociales, posicionándose siempre a favor del débil y el necesitado espiritualmente. Critica la frialdad de los gobernantes, y apela a que busquemos la bondad y el bien de los demás.

“Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción”.

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