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¿Puede Mariano Rajoy presentar su candidatura acompañado de la corrupción valenciana?

Ana Noguera.- Sigue la corrupción valenciana salpicando, no sólo al PP valenciano, sino también al PP nacional, y a su líder Mariano Rajoy, quien estuvo “delante y detrás” de todos los presuntos corruptos más los que ya están encarcelados.

Siete horas investigando en la casa de Alfonso Rus, el que fue presidente de la Diputación de Valencia y un imitador del inefable Gil y Gil. Era gracioso, dicharachero, prepotente, fanfarrón, valentón y un todopoderoso, porque era capaz de comprarlo todo, ¿con qué dinero? Con él, han caído también sus primeras espadas, entre ellos, Máximo Caturla, el hombre que por donde pasaba (sanidad, educación, diputación) olía a corrupción, malversación y estafa. Su recorrido no era nunca límpio.

Toda la mañana del día 27 estuvieron investigando en los despachos municipales del PP de Valencia. El ayuntamiento estaba lleno de guardia civil registrando dependencias. El poder y los tentáculos de Rita Barberá están saliendo ahora a flote. Ella dice no saber nada. Pero sus personas de confianza están hoy detenidas, desde su secretaria personal hasta la concejala que fue el enlace de conexión y que es también la mujer del exteniente de alcalde y hombre de confianza de Barberá, Alfonso Grau, que también está en el banquillo por el caso Noos.

Hay 29 imputados y 24 detenidos. Hemos visto cómo la policía sacaba de su casa a Alfonso Rus detenido. Igual que pasó con Rodrigo Rato.

¿Siguen siendo casos aislados de los que Rajoy no sabe nada?

La trama Gürtel; la trama Brugal; el caso Algorfa; caso Callosa del Segura;  el caso Jacarilla; el caso Calpe; el caso Fabra; el caso Emarsa; el caso Blasco; la trama Terra Mítica; el caso IVEX; el caso Monforte; el caso Aguas de Calpe; el caso Ibi; el caso Torrevieja; Cotino y la familia…

Tan sólo en el mes de enero del 2016, ha estallado el caso Aquamed; los sobrecostes de los colegios de Ciegsa, donde Máximo Caturla, la mano derecha de Alfonso Rus, está implicado hasta las orejas; Serafín Castellano, exdelegado del gobierno, y las irregularidades en las contrataciones de los incendios; o el Ivam, donde se ha imputado a Consuelo Císcar, la mujer del presidiario Rafael Blasco, aquel conseller que estafó el dinero de la cooperación valenciana.

Hace falta recordar que, en la pasada legislatura, el PP tenía tantos diputados imputados que podrían formar el grupo mayoritario de las Cortes Valencianas; o también que han sido imputados dos presidentes autonómicos; o los tres presidentes de las diputaciones, y cientos de alcaldes y concejales.

Hace falta recordar que la Comunidad Valenciana ha abierto las portadas de noticias más vergonzosas sobre los temas de corrupción. Conversaciones que son memorables, imposibles de recoger en una película: Camps y el amiguito del alma (caso Gürtel), o la alcaldesa de Alicante y el empresario Enrique Ortiz, Alfonso Rus contando dinero, o Carlos Fabra y el aeropuerto del abuelito.

Todo ello en una Comunidad que ha quedado endeudada hasta las cejas; en la que la mala gestión política ha hundido el sistema financiero; en la que se dejó de pagar a dependientes o becas de comedor para niños; en la que sus grandes edificios han quedado vacíos sin poder mantenerlos; o malvendiendo obras faraónicas como Terra Mítica o la Ciudad de la Luz, muy por debajo de su coste público.

¿A quién le va a mandar ahora Rajoy el mensaje de “sé fuerte”?

Es cierto que el PP ha vuelto a ser el primer partido en número de votos, algo que merece un estudio sociológico profundo de qué ha pasado durante estos años de gobierno del PP, cómo se han manipulado los valores culturales y éticos de la sociedad civil para seguir votando aún con el olor de podredumbre.

Sin embargo, no puede gobernar ni el partido ni la persona que lo representa, Mariano Rajoy, sin antes limpiar su propio partido. Si él está implicado, aunque sólo fuera por conocimiento, no puede seguir adelante hipotecando nuestra democracia; y si no lo está, debe antes asegurar a los españoles que su partido está libre de tramas y entramados corruptos con los que se ha venido financiando ilegalmente estos años, además de llenar los bolsillos de un montón de impresentables a costa del dinero de todos los españoles.

Si tirar de la manta del PP supone esquilmarlo de cargos públicos, como está pasando en la Comunidad Valenciana, que, al final, no quedará nadie que no esté imputado, acusado o culpable, pues hágase y vaya a una refundación.

Lo que está en juego con los casos de corrupción del PP no es solamente la vigencia del partido, sino la garantía del sistema democrático español. Terminar con la corrupción e iniciar un nuevo proceso político es también parte de esta actual transición política.

Reflexión sobre el enfado que tenía Susana Díaz porque Pedro Sánchez no había defendido suficiente a Felipe González

Juan Miguel Orenes Pino.- CASO CURIOSO: estaba yo haciendo una reflexión sobre el enfado que tenía Susana Díaz, porque Pedro Sánchez, no había defendido suficiente a Felipe González de las palabras de Pablo Iglesias cuando Facebook me las ha robado.

Esta es la primera vez que me ocurre aquí, antes sólo me había ocurrido con otros medios, no se si tendré algún comisario político observándome, no creo ser tan importante.

Bueno, lo que estaba diciendo, es que ni Felipe González es el mejor portador de la esencia del PSOE, ni Susana Díaz, aunque ella se lo crea, la mejor embajadora de los socialistas españoles.

Y añado, en lugar de estar junto al secretario general que elegimos todos los militantes, como una piña, en una circunstancia tan especial como esta, sólo se dedican a obstaculizar y emponzoñar su trabajo en lugar de ayudar.

Izquierda frente al miedo

José Antonio Pérez Tapias.- El miedo alienta la servidumbre. Y hay muchos motivos para el miedo: desde el sentirse amenazado hasta el temor a perder privilegios. La amplia gama de motivos que debilitan el organismo moral y el cuerpo político, hasta el punto de hacerlos vulnerables al virus del miedo, tiene un punto sobre el que gravitan todos ellos: el miedo a la libertad. Así lo vio Erich Fromm en la obra que lleva ese mismo título, en la cual hace ver cómo la democracia sólo puede asentarse, en aras de la libertad, contra ese miedo. Por ello mismo, el filósofo Claude Lefort sostiene que toda auténtica democracia implica “la repugnancia ante la servidumbre”.

Lo que vimos ayer en el Comité Federal del PSOE, por detrás de las declaraciones rituales, fue la confrontación entre el dejarse pillar por el miedo y el apostar por nuevos caminos para ir democráticamente más allá de ciertas formas de servidumbre. Es la confrontación interna en la que se halla el Partido Socialista ante la cuestión de cómo afrontar el debate de investidura para la presidencia del gobierno de España, toda vez que el antagonismo se sitúa entre quienes apoyan al Secretario General, y candidato, a avanzar hacia un posible gobierno de cambio mediante un pacto de izquierda, por un lado; y quienes, por otro, se repliegan sobre posiciones que de hecho suponen, aunque sea indirectamente, vía libre a un gobierno de la derecha -después de lo que han sido cuatro años de gobierno del PP con duro ajuste económico, ataque al Estado de bienestar, merma de las libertades, permisividad ante la corrupción y desastrosa pasividad ante la crisis del Estado en Cataluña-. Y resignarse a elecciones anticipadas sin intentar pacto de izquierda es ya darle bazas a la derecha.

La divergencia en el seno del Partido Socialista no es mera cuestión interna, sino que refleja el momento crucial que vive la sociedad española, la cual por eso mismo se ha expresado como lo ha hecho en las recientes elecciones, dando lugar a la pluralidad que se muestra en el parlamento. Hacia dónde se dirija la articulación de dicha pluralidad dependerá de si se logra fraguar una alianza de fuerzas políticas sin miedo a lo nuevo -incluyendo iniciar otra relación con las instancias europeas para salir de la tiranía neoliberal de la llamada troika-, o si se impone una conjunción de intereses que no pasaría de pretender mantener el orden según dictado de los poderes económicos y pautas de viejas oligarquías partidarias.

Es fácil detectar cómo el miedo es recubierto con racionalizaciones prestas a ofrecerse como argumentos prudenciales. La coartada es que está en peligro la unidad de España, la cual se aprovecha de la crisis del Estado, que es algo cierto, tomándola como pretexto para camuflar posiciones de suyo conservadoras. Apelar a la unidad de España con un ardoroso nacionalismo que no se compadece con el federalismo plurinacional que nos hace falta, no sirve para atajar el peligro que se señala. Para colmo, tachar a Podemos, formación con la que el PSOE ha de pactar para un gobierno alternativo a la derecha, de partido independentista es algo tan burdo que sólo se explica por el afán de trasladar a los demás el miedo propio.

Puestas en claro las posiciones, y confiando en que desde Podemos se den también los pasos necesarios, queda esperar que salga adelante un pacto por la izquierda, abierto a fuerzas políticas que puedan compartirlo o apoyarlo, para ir a un futuro que no se gana con fórmulas del pasado. Por eso, frente al miedo, ¡Izquierda!

José Antonio Pérez Tapias es el Líder de Izquierda Socialista, corriente política del PSOE

El comité del disputado pacto

José Antonio Pérez Tapias.- Muchos de los cargos más conspicuos del PSOE decían que era el partido que más se parecía a España. La afirmación, a pesar de su vacuidad política, daba juego para recabar votos con aspiraciones de mayoría, a ser posible absoluta. Los tiempos para tal lema electoral quedaron atrás. Mucho ha cambiado España y mucho debe cambiar el PSOE. Precisamente lo que está ocurriendo en el tiempo presente, tras los endiablados resultados de las elecciones generales pasadas, con su esperada dosis de acrecentado pluralismo político, es que el Partido Socialista tiene que proponerse cambiar en serio; de lo contrario, no sólo dejará de parecerse a España, sino que dejará de tener un papel relevante en la política española. ¿Hacia dónde encaminarse para ese cambio? Eso es lo que se dilucida a la vez que el PSOE tiene que resolver qué hace ante la insoslayable cuestión de cómo y con quién se forma un gobierno de España en la legislatura recién comenzada. El peligro que le acecha es que, ante los dilemas planteados, a quien acabe de parecerse sea en verdad al famoso asno de Buridán, cuyo triste final fue morir de hambre al no decidirse por ninguno de los dos montones de heno que ante sí tenía para comer. La indecisión mata, como puede experimentar el PSOE en sus propias carnes si  no toma la decisión adecuada y, como consecuencia, se deja arrastrar pasivamente a unas elecciones anticipadas en las que sus cuentas en cuanto a resultado en votos pueden salirle muy mal.

Cuando el Comité Federal del Partido Socialista es convocado de nuevo para clarificar su posición respecto a posibles pactos de cara al proceso parlamentario de la investidura de un presidente que pueda formar gobierno, es de suyo para valorar los pros y contras de las diferentes posibilidades que están sobre la mesa, excluyendo la posibilidad que muchos, aun deseando que ésa se cumpla, consideran un fracaso: la de ir a nuevas elecciones por haber sido imposible formar gobierno. Entre las posibilidades en liza, destaca la de la “Gran Coalición” PP-PSOE, con Ciudadanos en papel de mediador para adecentar el enjuague, como la más querida por los voceros del “sistema”, sean los prebostes del poder financiero, sean los representantes de la patronal, sean los que enfáticamente opinan desde instancias europeas, sea hasta algún cargo eclesiástico, para acabar tan bendecida por renombrados exministros populares y socialistas como ensalzada desde la mismísima cúspide de ese PP que es edificio en ruinas por cimentación hundida en fango de corrupción. Sin embargo, esa posibilidad es la que desde el PSOE se rechaza con claridad oficialmente y de forma mayoritaria, aunque no deja de rondar en su mismo espacio político.

Desechada esa posibilidad en un país en el que, por más que se mire a Alemania, la derecha no es la CDU ni el PSOE es el SPD, las otras alternativas que bailan sobre el escenario se reducen a dos, bien fáciles de enunciar: o gobierno encabezado por el PP o, si un candidato suyo no alcanza mayoría parlamentaria, gobierno presidido por candidato del PSOE. A estas alturas, con el guión tal como se va desarrollando, un gobierno presidido por Rajoy no parece lo probable, dado el efecto demoledor sobre su candidatura de los nuevos casos de corrupción que desde filas del PP han salido a flote, los cuales hacen imposible un apoyo de Ciudadanos en esas condiciones. Hay que contar entonces con la tesitura de que el PP cambie su candidatura, y sea otra persona la que trate de conseguir apoyo de Ciudadanos y del PSOE, sea por parte de éste de manera explícita, votando, sea de manera implícita, absteniéndose. Esta posibilidad,  siendo por la vía de la abstención, es la que muchos desde el campo socialista parecen ver bien, justificándola en nombre de la gobernabilidad. Habrá que decir, sin embargo, que una decisión en tal sentido no dejaría de ir contra indicaciones anteriores del mismo Comité Federal, pues sería dejar vía libre al derechista partido de los recortes, de los ataques al Estado de bienestar, de la merma de libertades, de la corrupción sistémica y del bloqueo de la situación en Cataluña. La gobernabilidad aducida no es más que otra versión de las más interesadas apelaciones a la estabilidad. Pero ya sabemos de qué estabilidad se trata: estabilidad del “sistema”, estabilidad de un orden que acumula injusticias, estabilidad de una democracia erosionada por la corrupción. Sería la estabilidad que, como la paz de los cementerios, es paz en la soterrada guerra de quienes están apegados a anquilosadas estructuras de dominio. Hay sobradas razones, por tanto, para oponerse a esa vía, que sería hacia la del continuismo de la derecha en el poder, por más que se camufle mediante concesiones de última hora para granjearse el apoyo que no merece. En consecuencia, no es un pacto ni de las derechas, ni con la derecha, lo que el Comité Federal socialista debe avalar.

¿Qué queda? Resta la otra posibilidad, la del pacto por la izquierda, abierto a fuerzas que puedan compartir elementos programáticos suficientes para apoyar la investidura del candidato socialista como presidente y, a ser posible, la formación de un gobierno de cambio que, como gobierno de coalición, tenga la fuerza suficiente para afrontar todo lo que está por delante, hacia dentro, como una nueva política económica para luchar contra el paro o nuevos planteamientos para una reforma en verdad federal del Estado, como hacia fuera, cual ha de ser una actitud no servil ante unas instancias europeas que han de dejar atrás sus políticas neoliberales. Entre las combinaciones posibles, en ninguna puede faltar Podemos, lo que significa la imperiosa necesidad de buscar por ambas partes el modo de aproximar posiciones para no fallar ante una ciudadanía que espera los pasos decisivos que la nueva etapa reclama. No vale, desde el PSOE, hacerse trampas obstaculizando un acuerdo posible calificando de antemano a Podemos como partido independentista por el hecho de proponer un referéndum en Cataluña. Tan insostenible falacia debe abandonarse, como no debe irse al autobloqueo que supone rechazar una posible investidura de Pedro Sánchez si se produjera también por el hecho concurrente de que partidos independentistas se abstuvieran. La responsabilidad de la abstención sería de ERC y DiL, no del PSOE.

Hay razones, por tanto, para pensar que el PSOE no tiene por qué quedarse paralizado, como el asno de Buridán, en vez de moverse hacia la izquierda, que es donde debe situarse. A esas razones habrá que añadir la exigencia de que su Comité Federal sea ámbito de deliberación y decisión políticas fundadas sobre buenos argumentos, y no terreno pantanoso en el que se acorrale al Secretario General dando lugar a una novedosa y sorprendente confirmación de la ley de hierro de las oligarquías políticas con la que Robert Michels diagnosticó desde hace mucho la vida de las organizaciones políticas. Es hora de apuntar en dirección distinta a tal diagnóstico. Quizá para ello el camino sea llevar al mismo Comité Federal la propuesta de que la militancia se pronuncie sobre la política de pactos, lo cual, por lo demás, cuadraría con el espíritu de unos tiempos en los que la ciudadanía, consciente de sus derechos, quiere una democracia no domesticada. Un pacto de izquierda es, en cualquier caso, lo que muchos pensamos que debe ser asumido por el PSOE y avalado por su Comité Federal.

José Antonio Pérez Tapias es el Lider de Izquierda Socialista, corriente política dentro del PSOE

Andanadas por el Ayuntamiento

Manolo Mora.- No soy de los que suele visitar el Ayuntamiento de Benidorm  con frecuencia, y ahora en mi condición de periodista, al tener un periódico digital propio, como es éste, CALVARI El periódic del cor de Benidorm, y os puedo asegurar que desde dicho edificio se lee; muchos funcionarios y personal me preguntan o comentan que lo siguen, uno se sorprende de las informaciones o noticias, que muchas de ellas podrían ser titulares, puedo uno publicar y recibir.

Hay varias informaciones que me gustaría comentar dentro de este artículo, sirva de opinión, porque no dejan de ser opiniones que uno percibe y debo comentar, como las que he recibido esta mañana. Una de ellas es la estabilidad que necesita el Ayuntamiento en estos momentos: a Toni Pérez: ¿se mueve o lo mueven? Es una de las conclusiones a la que he llegado.

Otro tema es el de las declaraciones de la tal conocida como “La Gallega”, que está dando mucho que hablar, sobre el contencioso surgido entre Rafa Gasent y el periodista-editor, Decano de la Prensa, Manuel Esquembre Bañuls, más conocido popularmente como Maesba, sobre si son verdaderas o falsas esas declaraciones y grabaciones, que por cierto están disponibles y se pueden ya escuchar en el medio de él, PUNTA CANFALI. Las declaraciones se realizaron y se grabaron, como ha quedado demostrado y ha echado por tierra ese complot maquiavélico, que dice que las declaraciones de la Gallega eran falsas. Maesba lo ha sacado a la luz. Ahora hay que saber si detrás de ellas son verdad o mentira.

Y otro tema, y ya para terminar este artículo de opinión, son las votaciones que se van a realizar en el próximo Pleno Municipal sobre la aprobación de los Presupuestos. Un pajarito me ha cantado que Ciudadanos por Benidorm va a votar en contra de esos presupuestos sacados por el gobierno municipal del Partido Popular, en repulsa a la abstención que realizó el mismo grupo municipal popular, cuándo declarararon a Leopoldo David Bernabéu “persona non grata”. Que valga ya de paso, eso no se debiera haber consentido ni haber votado. Nadie es nadie para declarar a una persona, y en este supuesto, a un político, que representa a más de 3000 votantes, como es CBM, que lo declaren “persona non grata”. Te puede caer mejor, peor… puedes pensar que es un sirvergüenza o no, pero de ahí a declararlo oficialmente a través de un pleno municipal “non grato”, cuando la Justicia le dio la razón, y se pronunció diciendo, que no tenía capacidad el Ayuntamiento para declararlo “persona non grata”… va un abismo.

Se trata del espacio simbólico del Congreso

José Antonio Pérez Tapias.- Podemos lleva razón en su queja. Si en la vida política hay un espacio simbólico por excelencia es el hemiciclo de un parlamento. Distribuir escaños en él no es un mero repartir asientos numerados, cual si sala de cine fuera. Es el lugar de representación democrática y ésta, además de por la palabra, se expresa de otras muchas formas. La cuestión no se cancela diciendo dónde se han sentado individualmente muy dignos representantes de la ciudadanía. Es importante la configuración espacial de un grupo parlamentario, máxime si por su número es tercero de la cámara. Y además, bajando a aspectos más prosaicos, no es admisible, por otra parte, dispersar a un grupo parlamentario por escaños de manera que hasta se haga difícil su coordinación en el hemiciclo.

Podemos, ante cómo han quedado sus diputadas y diputados, lleva razón en su queja por una resolución injusta de la Mesa del Congreso, manifiesten de una forma u otra su malestar. Lo dije ayer. Y hoy me reafirmo en que no se puede entender que el PSOE, por parte de quien le representa en la Mesa del Congreso, haya aprobado la distribución de escaños que se ha hecho en el hemiciclo. Ciertamente, la considero escandalosa. Una “cacicada” la han llamado desde Podemos. Está claro que ha salido así por los votos que permite la composición de la Mesa misma. Al haber facilitado dicha composición (con mayoría de la derecha) se añade ahora el que el PSOE apoye lo que esa derecha impone. Bien podía, al menos, haberse posicionado junto al Presidente de la Cámara, el socialista Patxi López, que se abstuvo, aunque en su caso fuera por ser neutral como “árbitro”. No sólo es obligado reclamar al Grupo Parlamentario Socialista una explicación, sino que es necesario que se actúe de otra manera.

(¿O no estamos trabajando a favor de un pacto de izquierda?)

O poderes que someten o Podemos con PSOE

Jose Antonio Pérez Tapias.- ¿Por dónde pillar el hilo de los acontecimientos cuando el panorama político se presenta como un ovillo de lo más enmarañado? Como dejó escrito un insigne filósofo, por el medio. Pues empecemos por el medio, ya que no hay punto cero. Y en ese punto medio de apariencia un tanto azarosa encontramos en día muy señalado el editorial de unperiódico global en español con titular más que indicativo: “Rajoy no puede, Sánchez no debe”. Bajo tal epígrafe, se mantenía que a Rajoy debía sustituirle otro candidato o candidata del PP para presentarse a la investidura a la presidencia del gobierno, y se señalaba directamente que Sánchez debía renunciar a un “pacto dañino” con Podemos, IU y otras fuerzas que pudieran favorecer una alianza de izquierda. Dicho editorial no se limitaba a un ejercicio de análisis político de cara a la opinión pública, sino que hacía ver la intención de que fuera, en la secuencia de los hechos de la dinámica política española, un punto de inflexión fijado por quienes tienen voluntad y fuerza para pretender actuar como grupo de presión.

¿Qué se teme de un pacto de izquierda cuando, mientras la derecha conservadora sube el tono de sus ataques a todo lo que sea paso a favor de un pacto de izquierda, sacando a relucir desde la manida conexión bolivariana de Podemos hasta el apocalíptico pronóstico del “retorno del odio”, la derecha liberal no se queda corta al aumentar sus presión contra un pacto que dé paso a un “gobierno de cambio” que pivote sobre el PSOE? ¿Se teme un giro en política económica que nos libre de los estragos de la ortodoxia neoliberal aplicada inmisericordemente por el PP? ¿O va a ser verdad que se tiene miedo a la democracia cuando todo se quiere concentrar en que se rompe la unidad de España por propugnar un referéndum consultivo en Cataluña, que justamente se propone para replantear sobre bases federalistas esa unidad? ¿O es que se tiene miedo a la bisoñez de nuevos actores políticos que se consideran preferibles a muchos de los antiguos que han amparado una corrupción sistémica?

Planteadas tales preguntas, es el momento de enfrentarse a insidias que van desde insinuar que pretender un pacto de izquierda es “mercadeo de votos” para la investidura de Pedro Sánchez como presidente -“ingenuo”, en el mejor de los casos-, hasta la consabida propuesta continuamente deslizada desde ciertas instancias que tiene por objeto la tan anhelada “Gran Coalición” (PP-PSOE, y en todo caso con esa factoría de interesadas mediaciones que es Ciudadanos). Tal propuesta es la conclusión a la que los “poderes del sistema”, desde los económicos hasta los simbólicos, parece que quieren que todos lleguemos.

Poniendo tales cartas bocarriba queda claro lo que está en juego en la enrevesada situación política que vivimos en España después de las elecciones generales, una vez que se toma conciencia de lo que suponen los resultados obtenidos por los distintos partidos políticos y cuando a las loas a la pluralidad consagrada por el voto ciudadano siguen los cálculos y estrategias para obtener una mayoría parlamentaria que permita formar gobierno. Por un lado, o el país sigue por las vías hacia una proclamada estabilidad asentada sobre el empobrecimiento de la mayoría, la desigualdad creciente y el desmontaje del Estado de bienestar, o se encamina hacia un horizonte distinto de reconstrucción social y políticas públicas desde las bases de una política económica distinta. Y por otro, en lo que al PSOE se refiere, o el partido se queda en la triste condición de ser “partido del sistema”, sin más destino que gestionar su orden, o el Partido Socialista reorienta su futuro hacia un partido transformador, con potencial emancipador y capacidad para articular políticamente nuevas prácticas de solidaridad social tras objetivos de justicia.

Llegados a este punto, es hora de enfrentarse a aquello que el joven Gramsci describía como “hechos que maduran en la sombre porque manos no vigiladas por ningún control tejen la tela de la vida colectiva”; y entonces, ya sin rodeos, la pregunta que cabe formular es: los que se oponen al pacto de izquierda, ¿quieren un PSOE destinado a permanecer sometido a las directrices de unos poderes que han conllevado el sometimiento de la política a la economía, del Estado al mercado, de la democracia al capitalismo? Esa es la cuestión de fondo que se deja ver entre los dimes y diretes del Partido Socialista, con los llamados “barones” y “baronesas” en señalados casos obstruyendo los esfuerzos del Secretario General por conseguir una alianza por la izquierda. Por lo que toca a todos, la cuestión crucial, la que se vislumbra entre los marrulleros juegos de salón en los que los partidos parecen enfrascarse para desespero de una ciudadanía que tiene sus expectativas tan lejos de la teoría de juegos como de los Juegos de Trono, es: ¿dejamos que nos aprisionen en un orden donde la desigualdad campee a sus anchas o apostamos en serio por una sociedad justa?

Entre los avatares del momento,  la jugada de Rajoy al renunciar a comparecer para someterse a votación de investidura para presidente del gobierno, pero reservándose para una segunda vuelta esperando que fracase Pedro Sánchez, se presenta como lo último de lo último en estrategia política, cuando no es más que reafirmación de la huidiza irresponsabilidad en la que el ex-presidente se ha situado a lo largo de todo su mandato anterior. Pero no nos engañemos, tras él son los “poderes del sistema” los que están a pleno rendimiento, posicionados a su lado, junto al PP y lo que significa la derecha política, movilizados para que no sea posible un pacto de izquierda que dé lugar a un “gobierno de cambio”. Objetivo: que Pedro Sánchez naufrague en el intento de sacar adelante su investidura como presidente del gobierno, haciendo todo lo que mendazmente pueden para impedir un pacto PSOE-Podemos. Lo que sorprende al incauto es que en las filas socialistas haya quienes, a pesar de eso, sigan apostando por la “Gran Coalición” con la derecha, en vez de por pacto de cambio con la izquierda.

Hay que seguir luchando por pacto de izquierda, una vez que sabemos todos de qué se trata. Pero por todo ello hemos de exigirnos en la izquierda tanta inteligencia como prudencia. También a Podemos, máxime después de la puesta en escena protagonizada por Pablo Iglesias para ofrecer gobierno de coalición, con él como vicepresidente y otros asignados ya a un listado de ministerios, en lo que ha sido patente exceso de innecesaria arrogancia que a muchos ha hecho pensar que más se encaminaba a bloquear el pacto con el PSOE que ha facilitarlo. Si por una parte son evidentes los riesgos de simular un “sorpasso” que no se ha dado -por más que se quiera-, por otro, ante lo que se percibe como humillación al PSOE, habrá que recordar a muchos que en sus órganos de dirección de rasgan las vestiduras que, desde ellos, ya se hizo demasiado para debilitar la figura de su Secretario General. Éste lleva razón cuando insiste en que “la ciudadanía no entendería que Podemos y PSOE no se entendieran” para pactar un programa de gobierno, más allá de sobreactuaciones en torno a la hipotética composición del mismo, que permitiera una alternativa de hecho a las derechas.

Para acabar estas líneas de nuevo con Gramsci diré que haríamos bien en releer al gran líder de la izquierda italiana cuando, en La política y el Estado moderno, se mostraba en contra de quien con poca seriedad sustituye el afrontar los hechos por una “política del orgullo”, a la vez que criticaba a quien, por no estar a la altura del deber histórico, contribuyera a “catástrofes más graves”.  Siendo ya bastantes los padecimientos acumulados por la sociedad española, necesitamos un alternativo gobierno de izquierda para evitar previsibles catástrofes. Podemos con el PSOE.