Cartas a Isidoro

Luces que se encienden y se alejan,  visiones fugaces de un ser inmortal que llega a nuestras vidas a inundar nuestros caminos de enmoquetadas estancias, de habitaciones del pánico donde el sufrimiento sea sutilmente devorado por la ausencia del mal,  donde quizás sea un ser querido , ya sin cuerpo ni forma el que endulce nuestra estancia con un arpa y notas de viejas melodías…

Fernando Fer.- Intuyo que allí estarás sano,  que tu mente no juegue a la ruleta rusa con tu existencia, que por aquí ya estamos cortos de suntuosas sonrisas aunque dejen heridas, y de creencias que asumen el riesgo de hacerte ver que el mal y las noticias extrañas son el bien más común.  Aquí ensalzan el poder y el miedo a casi todo por encima del valor de la esperanza y la fe ciega que todo lo llena. 

Espero que donde paces alguien tenga la suficiente inocencia como para plantar árboles de sinceros frutos, de transparentes discursos  que nos dejen ver lo que sería nuestra existencia sin palabras amables,  donde nos muestren que los colores extremos nos alejan de la orilla de nuestra tranquilidad. 

Sé que allí saben
que hacer locuras no es estar loco.
Se que pronto estarás
intentando no dar tu brazo a torcer
Se que pronto verás
al alma que temprana nos dejó
Se que me observarás
retorcerme entre mis dudas
Sé que jamás podrás
confiarme ninguna de las tuyas
Sé que sacarás
una borrachera de virtudes, para esconderla después tras tu indomable orgullo innato.

En estas tierras castellanas pasean vientos de una guerra cercana,  lamentos susurran por los hogares, de lo que nos enseñan, de lo que quieren mostrarnos de aquellos lugares, los de lágrima fácil no pueden ver más allá de su cortina de  humedad salina, los más perspicaces intuyen, construyen la barrera entre la verdad y la mentira sin saber hacia qué lado inclinar la vista.  Los malos son muy malos y los buenos demasiado buenos, tremenda conclusión si nos atenemos a los rápidos flujos de información cineasta.  Ha nacido el

Por aquí el deporte balompédico  sigue su curso ascendente hacia ninguna parte.   Los del dinero ilimitado con turbante y creencias limitadas nos llevan a un mundial limitado, con redundancia  justificada.  Un campeonato tan inhóspito como turbulento y extraño, pero fútbol al fin y al cabo.  Los de a pie lo veremos con atención, rozando las navidades.

Esto ya no es lo que era hermano, pero volveremos a ver cintas de colores airear nuestros balcones, tiempos de fiesta y jolgorio que aúnen fuerzas para seguir pensando en que merece la pena estar aquí abajo, y que la realidad más fructífera depende de las mentalidades más ingeniosas.  Abierta la convocatoria de los no influenciados por nada ni por nadie.

En memoria de Isidoro, hermano, maestro, flamenco y catalán.