El naufragio del vapor Mariano Benlliure y la heroica actuación del Capitán Segarra

La tarde del 27 de diciembre de 1915, en las islas Sorlingas, archipiélago inglés que señala el límite noroccidental del Canal de La Mancha, situado al oeste de la costa de Cornualles, naufragó el buque vapor Mariano Benlliure, que enarbolaba la contraseña de la Cía. Valenciana de Vapores Correos de África, a la que pertenecía desde 1912.

Batiste Mas.- Este buque hacía su ruta normalmente con sus bodegas repletas de naranjas con destino a Inglaterra, para volver cargado con carbón, ruta muy complicada y peligrosa pues recordemos que eran tiempos guerra, la Primera Mundial y el Reino Unido sufría el acoso constante de los U-Bootes alemanes, submarinos que meses después en el año 1916 y en esas mismas aguas, torpedearon y hundieron afortunadamente sin víctimas al vapor valenciano Luis Vives.

El día de Navidad, el vapor Mariano Benlliure con 45 hombres a bordo, zarpó de Liverpool rumbo a Génova, con 3000 toneladas de carbón en sus bodegas. Al mando se encontraba el capitán José Miguel Segarra Segarra, natural de La Vila Joiosa, un experto marino con mucha experiencia y gran tradición marinera en la familia. Durante el segundo día de navegación, la mar acentuó el mal carácter que ya había manifestado desde la salida de puerto y una terrible galerna de poderío ilimitado sorprendió al M. Benlliure. El Capitán Segarra conocedor de que abandonar el buque en aquellas circunstancias era encarar una muerte segura enfiló hacia las olas con poco motor, su única salvación era subirlas y bajarlas cual montaña rusa y aguantar hasta pasado el temporal. Salvar el barco ere salvar a la tripulación, pero de nada sirvió la heroica y desesperada maniobra de Segarra, el Mariano Benlliura y 43 de sus tripulantes acabaron en el fondo del mar. En la web La Vila Joiosa i la Mar se da como causa probable del hundimiento además de la galerna, al posible corrimiento de la carga que transportaba en sus bodegas, carbón. Tanto si fue así o por un paro de motor, en ambas circunstancias el buque habría quedado de costado y a merced del oleaje, escorándose hasta hundirse sin remisión.

Tras varios dramáticos mensajes radiotelegrafiados advirtiendo de importantes daños y de partes del buque inundadas, la Compañía había ordenado a Segarra abandonar el buque, negándose este a la orden, con el mensaje de que si no podía salvar el buque se hundiría con él. Pronto llegaría la última transmisión desde la cabina del radiotelegrafista; «Continuamos en las mismas condiciones aguantando el temporal. Imposible salvarnos. Dentro de pocos minutos pereceremos 45 hombres. Adiós. Segarra».

Las noticias de la tragedia se demoraron 3 días, el Almirantazgo británico distrajo de la guerra que estaba librando varios buques con el ánimo de auxiliar a los náufragos, pese al esfuerzo, la esperanza de encontrar a la tripulación con vida se disipó a medida que transcurrieron los días. El 8 de enero, pasados 12 días desde su desaparición y constatado que ya era físicamente imposible sobrevivir en aquellas gélidas aguas, testimonio de infinidad de desastres navales, tanto las autoridades navales españolas como los responsables de la naviera, expresaron sus condolencias a los familiares de las víctimas dando a toda la dotación del vapor por fallecida.

Sólo se rescataron del mar dos cuerpos, el del Capitán Segarra y el de otro tripulante, ambos fueron trasladaos a Portsmouth donde recibieron cristiana sepultura.

En honor al capitán de La Vila Joiosa, el presidente de la Compañía, José Juan Dómine, decidió que un nuevo buque de la empresa portara su nombre y así el barco Capitán Segarra, botado en junio de 1917, se convirtió en el primer buque de nueva construcción de la Compañía Valenciana de Vapores Correos de África.

También La Vila Joiosa le rindió su homenaje incorporando a su callejero la memoria de José Miguel Segarra Segarra, el heroico Capitán Segarra.

Enlace: https://armada.defensa.gob.es/archivo/rgm/2009/05/cap11.pdf