Autocaravana Vivir: Terminar y empezar el año recorriendo los mágicos lugares de Navarra

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Leopoldo Bernabeu.- Entre las miles de maneras que tenemos los seres humanos de auto engañarnos a nosotros mismos, las que utilizamos a principios de año, suelen ser las más curiosas, amplias y habituales. Inmersos en una sociedad que nos controla, dirige y engaña cada vez con más ahínco, también empieza haberlos cada vez en mayor cantidad que cada día se suben al barco de la vida y se bajan del que aglutina el engaño compulsivo.

En Febrero de 2020 emprendimos una aventura. Aunque hacía años que la perseguíamos, nadie nos garantizaba que fuera a tener éxito. Habíamos escuchado infinidad de historias, tanto en uno como en otro sentido. Autocaravana Vivir llegaba a nuestras vidas. En menos de quince días la vida nos puso a prueba, el Covid nos encerró en casa y nos cambió la vida. Menudo bautizo, ¿verdad?

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Pues ni con esas se nos rebajaron las ganas de conocer y experimentar, la aventura de la vida en sí misma. En cuanto nos soltaron, nos subimos y empezamos a conocer lugares, hacer kilómetros de pasión y visión, y empezamos a darnos cuenta de lo mucho que nos habíamos perdido hasta ese momento, sólo era el principio. Atrás quedaron las frases de autoflagelo, el esperar a que lleguen mejores momentos y el auto convencernos de que todavía estamos a tiempo.

La vida es cada día, y el de ayer ya no vuelve. En menos de dos años le hemos dado la vuelta a España y Portugal, completos, dos veces. Hemos recorrido infinidad de lugares que nadie nos había nombrado nunca y reconocido que España, ahora sí, es infinita. Ni mucho menos lo hemos visto todo, al contrario, cuantos más lugares y más carreteras recorremos, más nos invade la sensación de tener todo por conocer.

Repetir lugares también es una opción de lo más recomendable. La sensación de libertad que tienes dentro de la Autocaravana sólo es explicable si la vives. No es oro todo lo que reluce, ni todos los días son para enmarcar. Al fin y al cabo viajas con la casa a cuestas y surgen problemas, situaciones, inconvenientes que te hacen más fuerte y más realista al mismo tiempo.

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Esa es la gran prueba que muchos parecen no superar. Terminar y empezar el año de una manera tan distinta es esa otra opción que teníamos que descubrir. Por suerte o por desgracia, siempre según con que prisma se mire, el 2021 nos ha separado para siempre de mi madre y de nuestra perrita, Melva.

En esta ocasión sólo hemos sabido los días que eran cuando veíamos señales, alguien que se come las uvas y en la televisión ponen musicales descafeinados o salen esos reporteros a los que sólo les va a quedar la palabra covid en su currículum. Que pesadez.Salimos desde nuestra maravillosa Marina Baja con la Jappy Experience de Autocaravana Vivir en dirección hacia Torres del Río, el albergue templario La Pata de Oca nos esperaba. Dos veces he pasado ya por ahí, pero Verónica lo quería conocer.

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En la Merindad de Estella, con tan sólo 128 habitantes, situado entre Los Arcos y Viana, y en medio de la ruta de peregrinación, Iván, Olga, Lucía, David y Toni, nos esperaban con el mantel puesto junto al Santo Sepulcro, la primera iglesia templaria del Camino de Santiago. Una cena maravillosa, unas uvas atragantadas tras la pérdida de costumbre y una charla junto al calor del hogar viendo la fría noche a través de los ventanales, dieron paso a un día de año nuevo muy diferente a lo habitual.

La aldea fortín con asiento en Cortes de Navarra, de nombre Azuelo, con sólo 34 amables vecinos, nos recibió para celebrar la llegada del 2.022. Su Casa Encantada y el Monasterio de San Jorge, con su pequeño y espectacular cementerio lateral, nos demuestran el poderío de este pequeño municipio con casi mil años de historia a los pies del Yoar, que con sus 1.416 metros, es donde crían los buitres lentos, las águilas perseguidoras y olfatean los jabalís.

De ahí hacía Torralba del Río, fundada por el Rey Teobaldo II de Navarra y famosa en toda la zona por ubicar a Nuestra Señora de Codés, un templo de devoción mariana que hace de lugar fronterizo entre la propia Navarra, La Rioja y Álava.

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Vuelta a la Pata de Oca en Torres del Río a dar cuenta de las muy notables sobras de la copiosa cena de la noche anterior, y sin más demora y apenas dejar reposar la comida, emprender viaje hacia el valle del Roncal en el corazón del Pirineo navarro. Conocido por sus espectaculares quesos, los paisajes de toda Navarra quitan el hipo, pero cuando te adentras en esos valles del Roncal y la Selva de Irati, crees haber cruzado alguna puerta hacia otro mundo. La carretera que une Estella con Roncal, siempre que la niebla lo consienta, te permite disfrutar de unos prados verdes y unas montañas colosales, que con la nieve siempre al fondo, crean esa paz necesaria para centrar tus pensamientos y darte cuenta que la vida es mucho más.

Dormimos a la entrada del mismo pueblo del Roncal, que si es bonito junto al río Esca por la mañana, la llegada de la noche lo convierte en el escenario perfecto para cerrar una serie de brujas como las que siempre habitaron esos lugares.

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De ahí, dirección Isaba hasta Ochagavía, siempre bordeando la frontera con Francia, otra de esas paradas obligatorias para disfrutar de lugares que están en España pero cuesta creerlo. La Selva de Irati y sus tres reservas naturales, que entraba en nuestro plan inicial, quedan para otra aventura que llegará. Roncesvalles nos esperaba, y aunque es más su historia que su realidad, resulta de parada obligatoria para los peregrinos, pues es el inicio del Camino francés desde España.

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Y ya que hablamos tanto de Camino y de peregrinación, no podíamos dejar pasar la oportunidad, estando tan cerca, de adentrarnos en el país vecino, y visitar San Juan Pie de Puerto en Francia, verdadero inicio del Camino de Santiago. Tras una rápida visita a su espectacular casco antiguo, Ciudadela incluída, en la Autocaravana estamos, prestos y dispuestos a pasar otra noche más de un día bien vivido, encantados de poder contaroslo a todos vosotros, bajo el convencimiento de que pronto los viviréis en primera persona.

El Sur de Francia y Navarra, escenarios de leyenda y peregrinación

Ya estamos en casa, ha valido la pena. Viajar en Autocaravana Vivir siempre lo vale. Tan sólo 5 días, entre ellos dos de viaje para recorrer más de 1.500 kilómetros.

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¿Demasiados? Puede ser, según se mire. Pocos, si lo que disfrutas es el paisaje. Y eso es lo que nos pasa cada vez con más ventaja, el recorrido suele ganar al destino. Queríamos conocer Navarra y es lo que hemos hecho, ¿o no? Pues también depende. Cuanto más viajamos, más nos queda por ver.

Navarra, como cualquier otra provincia de España, es infinita. Hemos visto una parte, sí, pero nos queda mucho más. No hay prisa, la clave está en no bajar un peldaño la ilusión. Te contamos lo que vemos y tú decides si quieres seguir viajando montado en Autocaravana Vivir.

Después de visitar San Juan Pie de Puerto, actual región de Nueva Aquitania, pero que durante muchos años fue la Baja Navarra, y recorrer con calma los pasadizos de su vieja Ciudadela, fortín de defensa creada hace varios siglos para defenderse de los españoles, que curioso, quienes siempre fueron sus moradores, decidimos que la Autocaravana va a pasar la noche al cobijo de algunos vecinos y al resguardo de las piscinas municipales en un parking muy bien habilitado, ¡que envidia!, en el que por tan sólo 8 euros, tienes luz eléctrica durante 24 horas.

Tenemos que aprender y mejorar mucho en España en esto de los campers y zonas habilitadas con seguridad.Nos despertamos encapotados por la niebla y salimos a conocer la ciudad por el día, dándonos de bruces con uno de mis espectáculos favoritos, un majestuoso, impresionante, legendario, vetusto y ultra misterioso cementerio. O más bien dos.

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Uno muy viejo con tumbas tan deterioradas por el paso del tiempo, que dejan volar mi imaginación. Los musgos y hongos dan ese toque siniestro, fabuloso a las piedras partidas que no me dejan ver mucho más. Pasear entre esas lápidas e imaginar las historias de quienes allí reposan, al tiempo que prosigo con la lectura de “Alguien camina sobre tu tumba”, me devuelve las horas de vida robadas por todo aquello que, sin darnos cuenta, consideramos importante.

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El otro cementerio, mucho más nuevo, está loma abajo, pues ambos están en el lateral sur de la antigua Ciudadela que domina las alturas de San Juan.Un paseo extraordinario en una ciudad imprevista en nuestros preliminares, pero que compensa esa cierta desilusión de un Roncesvalles raquítico del que tanto habíamos oído hablar.

De vuelta a España, de la que sólo nos habíamos separado 8 kilómetros para conocer el verdadero inicio del Camino de Santiago, y tras visitar esa vía romana de ruta prehistórica y escuchar las historias que circulan sobre el gobierno de Richelieu, Olite nos espera. Vuelta a unos paisajes de ensueño que bordean carreteras perdidas y nos obligan a parar para respirar aire puro y hacer fotos para vosotros. Puente la Reina, ciudad que unifica el nacimiento de los Caminos de Santiago en Francia y Aragón, nos hace hueco para comer y visitar ese lugar tan famoso que da nombre al pueblo y que desemboca tras haber recorrido su calle Mayor, fiel reflejo de la historia que por allí ha pasado, exhalando aventuras sin fin con tan solo cerrar los ojos por un instante.

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Nombre de origen romance, frontera entre los dominios cristianos y musulmanes, a orillas del río Zidacos, nos recibe la impresionante villa medieval de Olite, lugar elegido hace siglos por los Reyes de Navarra para construir su Palacio Real, que no castillo, pues con sólo visitarlo se deduce con rapidez que los aspectos residenciales prevalecen sobre los militares. Todo el casco histórico de Olite bien merece una visita con tiempo, perspectiva e imaginación.

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El Palacio es imprescindible. Buen gusto el de Carlos III El Noble, al decidir que fuera esta ciudad la que albergara este y otros tantos edificios monumentales de obligada visita.

Menos de 40 días son los que quedan para volver a salir a la conquista visual de nuevos territorios. Te lo contaremos todo.