Mónica de la Fuente, benidormera de Segovia y segoviana de Benidorm: primera edil en cerrar su pueblo ante el temor al covid-19

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Dije en mi primera columna que no iba a tratar temas de política y así lo mantengo, pero da la casualidad que con quien converso hoy de mujer y entorno rural es Mónica de la Fuente, alcaldesa de Cobos de Fuentidueña (Segovia) y de Benidorm de adopción o como le gusta decir a ella: “Soy benidormera de Segovia y segoviana de Benidorm”. Pues Mónica, por circunstancias de la vida, que ahora explicaremos, está al frente de esta pequeña población castellano-leonesa de no más de 31 habitantes, cuya máxima autoridad fue una de las primeras en cerrar su pueblo, en una situación extrema como la pandemia del Coronavirus que estamos padeciendo. Del Covid-19, del entorno rural y de las decisiones del día a día hablaremos con de la Fuente. Y de Amor, de mucho amor a sus vecinos sin salario ni prebendas a cambio.

Un reportaje de Belén Richarte

Mónica de la Fuente también es una persona muy enraizada en la vida social, empresarial, festiva y tradicional de Benidorm, ciudad a la que llegó en 1998. Actualmente es Secretaria de la Asociación Cabalgata de Reyes de la Ermita de Sanz, es madre de tres hijos y, junto a su marido, regenta la Administración de Lotería de la Avenida de Los Almendros. Por todo ello afirma rotunda que en su caso “no tiene el corazón partio’ porque ante todo soy benidormera de Segovia y segoviana de Benidorm”.

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Y teniendo las cosas tan claras le pregunto a mi vecina, porque Mónica de la Fuente también es vecina mía, “¿Qué hace una chica como tú…de alcaldesa Cobos? La respuesta es muy directa: “Mi andadura en este terreno, tan desconocido para mí, como es la alcaldía, comenzó en una Navidad en la que estaba en mi pueblo, con mi familia y pregunté, casi fue como si se me escapara de la boca, sin saber las consecuencias que aquello iba a tener: ¿Hay quién se presente para alcalde o alcaldesa de Cobos? Alguien habrá, me contestaron”.

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El objetivo a proteger: los mayores

Pero de La Fuente, que quienes la conocemos sabemos que es una mujer valiente, emprendedora, no se quedó conforme con la respuesta familiar y “llamé a mi amigo de toda la vida, vicepresidente de la Diputación de Segovia. Le aseguré: Chema, si no encuentras a nadie, cuenta conmigo. Esto fue lo último que dije: “Sólo hacen cosas imposibles los que ignoran que es imposible. ¡Y… aquí estoy!”.

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Monica recuerda que “toda mi vida he ido a Cobos, a la casa de mis abuelos, me crié entre San Miguel de Bernuy y Cobos que distan unos dos kilómetros, ni siquiera la distancia de la playa de Poniente, un paseo. Después de todo, tengo la casa de mis abuelos, viejecita -y añade-, “me gusta mi pueblo, con sus casitas, su Iglesia románica, su río Duratón, su fuente de “Las Mozas”, de donde bebe todo el pueblo, su fuente de “San Benito”, con sus historias de juegos de la que es ahora la gente mayor del pueblo y por supuesto y lo más grande que tiene mi pueblo: su gente. Personas que han trabajado duro, pero duro de verdad, que todo lo que tienen lo han ganado por su sudor y que ahora, que necesitan el apoyo de los vecinos, se ven más solos que nunca”.

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Treinta y cuatro vecinos había en el censo de Cobos a principios de año, no se ha actualizado “pero en realidad 31 sería lo correcto decir ahora, y rezo para que esa cifra no baje y además, suba”, matiza la empresaria.

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Así las cosas, en esta cruenta crisis del Covid-19 sería una tragedia que el virus entrara en Cobos. En el pueblo la edad medía de sus habitantes es de unos 70 años y eso preocupaba mucho a de la Fuente desde un principio. Un día hace ya un par de semanas coincidimos y me comentó que había cerrado el pueblo antes incluso de que el Gobierno declarara el Estado de Alarma debido a la pandemia. Las preguntas se me amontonaban en la mente: ¿Querías que tus vecinos estuvieran protegidos de cualquier agente externo antes que nadie? ¿Cómo se lo explicaste? ¿Cómo se lo tomaron?

Monica de la Fuente sabía el riesgo que el virús suponía para sus vecinos y fue tajante. Así lo explica: “El día 11 de marzo, ya con el coronavirus muy presente en nuestra sociedad, se empiezan a recibir informaciones muy variadas sobre esto o aquello, que aún no era crisis, seguramente yo entré en pánico. Me pongo en contacto con la presidenta de la Asociación Cultural que hay en Cobos y que la mayoría de sus miembros residen en otras poblaciones más grandes, sobretodo en Madrid, y la Secretaria Municipal y yo mandamos una petición conjunta de que no fueran ese fin de semana al pueblo, dadas las circunstancias. Y, como no podía ser de otra forma, nadie fue. Entre todos hicimos una red de buen hacer”.

Por otro lado, añade la alcaldesa “ de nuevo hablo con la Secretaria (que es secretaria de otros dos pueblos) y me comenta la situación: se recomienda desde la Junta de Castilla y León que se cierren locales sociales y se cierra el bar del pueblo, que es una concesión del Ayuntamiento. No tiene buena aceptación, en algún momento, debido a que recibo llamadas, dudo, pero me rearmo y reafirmo en mi posición, me parece necesario y concluyente: se cierra. Al día siguiente, a pesar de haber firmado el cierre, con las consecuencias que puede llegar a tener, el bar se abre: ¡Uffff y ahora! ¿Qué hago yo? Me animo a mí misma y por teléfono vuelvo a pedir el cierre. Bien, esta vez parece que se cierra. Desde ahí seguimos con otras acciones. “No quiero imaginar que entre el Covid-19 en Cobos”. Y así está la cosa.

Por amor a un pueblo

Una empresaria que se pone a gestionar los escasos recursos de un consistorio pequeño o cualquier otro ciudadano o ciudadana que encabece una lista que salga vencedora en los comicios municipales tiene que tener claro que no va a cobrar sueldo público alguno, si acaso kilometraje y poco más. Y eso es así desde el año 2011. “Al principio de esta historia como alcaldesa, yo siempre decía que no era política, sino gestora. Ahora me doy cuenta de que un alcalde es el político que gestiona el ayuntamiento del pueblo, por lo tanto, soy política y añado: por amor. Amor entiéndase como sentimiento hacia un lugar y unas personas a las que se quiere ayudar, seguramente sea un acto muy egoísta, puesto que no quiero que Cobos pierda su Ayuntamiento ni sus derechos. Yo lo quiero así”.

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Y después de este pequeño inciso retomo la conversación con Mónica de la Fuente para quien es fundamental “crear un equipo y realmente hacer lo que hay que hacer, que es principalmente estar al tanto de las subvenciones que salen y estar pendiente de que todo funcione y de las necesidades de nuestros vecinos, ahora más que nunca”.

Además la alcaldesa de Cobos de Fuentidueña asegura tener muchos proyectos, el más inmediato será sobrevivir a este virus. “Después, conseguir cuanto antes que se construya el punto limpio, arreglar unas aceras, que tenemos concedida ya la subvención; el puente que pasa por encima del río, necesitaba una revisión por parte de técnicos especialistas y la ha superado con buena nota” -y continúa diciendo-, “las casas viejecitas también nos quitan un poco el sueño, hay que conseguir que se arreglen o se derriben, no vaya a ser que caigan encima de alguien y puedan causar algún daño”.

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Pero lo más importante para Mónica de la Fuente es introducir en Cobos la red 5G y afirma “esto es un “no parar”, que si el coto de caza, que si unas ramas tocan el tendido eléctrico, que si nos traen la fibra ya”. La denominación de 5G se refiere a la quinta generación de redes móviles que conocemos que permitirá estar conectado a la red desde cualquier rincón de España.” La primera edil confía en la nuevas tecnologías como un vector dinamizador de la España rural menos poblada.

Me adelanta que “el objetivo a la vista es onseguir que, ahora que las personas se han puesto en marcha con el “teletrabajo” puedan venir al pueblo a hacer eso mismo, en un entorno maravilloso. Pero cuando acabe la crisis, ahora que cada uno se quede en su casa”.

Y es que los problemas a los que se enfrenta el medio rural son múltiples y variados: “despoblación y, como consecuencia, pérdida de empleo, de comercio, de agricultura, de ganadería y esto mismo condicionará la alimentación de los urbanitas (entre las que me incluyo), no podríamos comer una lechuga si no hubiera un agricultor que la siembre, cuide y venda”.

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Y esta es la lucha de Mónica de la Fuente en Cobos, en Benidorm junto a su marido, Yago Alonso Peña, regenta la administración de lotería, “él tiene sus funciones y yo las mías que gestionamos compaginando los deberes y obligaciones como padres. A mí se me dan bien unos temas en el trabajo y con los niños y a Yago otros, no son mejores ni peores, todos son pilares fundamentales de nuestra vida familiar y de trabajo”, concluye la empresaria.

Los colectivos rurales junto a los municipios tienen que poner en valor nuevos yacimientos de empleo para luchar contra la despoblación. Es verdad que en los últimos años cada vez son más las personas que han pensado en volver a su pueblo o a un entorno rural en el que todo fluya más despacio pero para ello hay que poner toda la carne en el asador y llegar a una soluciones reales y eficaces

Éstas mujeres, como otras muchas en España, son vectores a través de los que se cataliza el reto de mejora en el proceso hacia la reactivación de lo rural. Esto además se ve reflejado en la coherencia de cada una de las palabras que dice y en el amor que siente por su pueblo y por sus vecinos.